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La Princesa romance Capítulo 110

Aunque sentía cierta incomodidad al saber que alguien andaba pendiente de ella, David jamás se atrevió a meterse en el círculo de amistades de Vanesa. No importaba lo que ella hiciera, él siempre sería su mayor apoyo. Sin embargo, el precio de ese respaldo incondicional era que, de vez en cuando, esos celos diminutos y amargos solo podía guardárselos en silencio.

—¿Quieres que pase por ti?

—No hace falta, Isaac va a venir mañana a recogerme.

—Oh... —Apenas escuchó eso, el ánimo de David se vino abajo de un golpe.

Vanesa, por supuesto, notó de inmediato el cambio en su actitud, pero solo se rio con picardía.

—¿De qué te ríes? ¿Ya estás pensando en el reencuentro de mañana? —No se escuchaba molesto, más bien sonaba dolido, con el saborcito de los celos a punto de desbordarse.

—Sí, tal vez vayamos al parque de diversiones... ¿Comer juntos? La verdad, ya casi medio año sin vernos. Pero cada vez que va a algún lado me manda postales y regalitos...

—¡Cuando viajo por trabajo también te traigo cosas! Solo que esta vez fue diferente, todavía no está listo el tuyo, ¿va? —Justo en ese momento, el semáforo se puso en rojo y David pisó el freno; sus ojos se clavaron en Vanesa, mostrando una seriedad absoluta.

A Vanesa le causó ternura verlo así, tanto que le tomó la cara entre las manos y la movió de un lado a otro. Tenía una sonrisa brillante, imposible de ocultar.

—Ya, ya, lo sé —le dijo con dulzura para tranquilizarlo.

¿Cómo no iba a saberlo? Solo estaba jugando con él un poco.

—Oye, por cierto, ayúdame a buscar una casa. No tiene que ser muy grande, con que quepamos siete personas está bien, una normalita.

—¿Al fin vas a dejar de ponerte trabas tú sola? Si nunca has pasado necesidades, no sé por qué te gusta complicarte la vida —dijo David, con un dejo de preocupación en el tono.

Vanesa conoció a David cuando tenía cinco años, apenas uno menos que él. Ambos sabían casi todo el uno del otro, desde costumbres hasta manías cotidianas.

Vanesa solo sonrió, sin molestarse en discutir.

...

Por otro lado, el pequeño bar abrió como siempre. Ismael Morgado estaba sentado en su cabina habitual, mirando por la ventana a Estrella Olivera, que platicaba abajo con Santiago.

Capítulo 110 1

Capítulo 110 2

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