—¿¡Yo la estaba extorsionando?! —Inés subió la voz, indignada. Sabrina, que estaba cerca, se percató de la situación y, tras decirle algo breve a quienes la rodeaban, se acercó al grupo.
—Inés, ahí viene Sabrina —le susurró al oído una de sus amigas.
Por un instante, Inés se puso nerviosa. Sin preocuparse por nada más, clavó la mirada en ambas, apretó los dientes y alzó la falda de su vestido, lista para irse.
—¿Quieres que te pague uno igualito? Aunque viendo cómo andas, igual te vendría mejor el dinero, ¿no? Dímelo, ¿prefieres efectivo? —Vanesa sonreía de lado, con una inocencia tan fingida como evidente.
—¡No hace falta! —escupió Inés, apretando la mandíbula con tal fuerza que apenas se le entendía.
Le lanzó a Vanesa una mirada cargada de odio y giró para marcharse. Pero apenas dio un paso, uno de sus tacones se atoró en el borde del escalón. Tropezó y estuvo a punto de caer.
Sus amigas corrieron a ayudarla, mientras Inés, roja de la vergüenza y sin atreverse a mirar atrás, salió apurada de ahí, luciendo más descompuesta que nunca.
...
Cuando Sabrina llegó, solo alcanzó a ver la espalda de Inés alejándose a paso apresurado. Apartó la vista y saludó a Santiago con un leve gesto de cabeza.
Santiago le correspondió con otro movimiento, y luego revolvió el cabello de Vanesa con gesto cariñoso.
—Voy a atender un asunto. No te vayas, ¿sí? Te llevo a casa en un rato —le avisó Santiago. Durante el tiempo que trabajó con Inés, entendió bien la relación que tenía con Vanesa.
—Ya quedamos, no te preocupes —le respondió Vanesa, agitando la mano.
En cuanto Santiago se alejó, Sabrina tomó a Vanesa por las manos, inspeccionándola de arriba abajo, con el ceño fruncido y el gesto algo inquieto.
—Vane, ¿qué pasó aquí? ¿Estás bien?
Vanesa puso su mano sobre la de Sabrina, con un aire resignado.
—Te juro que si ves la escena, parece que la afectada es ella, ¿no crees? —obviamente, se refería a Inés.
—Bueno, mientras tú estés bien, lo demás me da igual —dijo Sabrina, con un suspiro de alivio. Si Vanesa no había salido lastimada, el resto le importaba poco.

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