—¿¡Qué!? —la voz de Estrella se elevó, casi chillando.
Sabrina le hizo una señal de “shhh” y Estrella, de inmediato, se cubrió la boca, bajando un poco la cabeza.
—¿Qué está pasando aquí? No, tenemos que ir a encararla ya mismo y pedirle explicaciones —espetó Estrella, bajando la voz pero sin perder el coraje.
—Tranquila, todavía no. Ahorita estamos en su terreno, si armamos un escándalo salimos perdiendo —Vanesa le tomó la mano a Estrella, tan serena como siempre.
—¿Pues entonces qué hacemos? —Estrella ni por un segundo dudó de que Sabrina estuviera equivocada o que se tratara de un simple malentendido.
Para ella, si Sabrina y Vanesa lo decían, era porque seguro la otra había plagiado. No había duda.
—Aún no sabemos si se fusiló toda la colección o solo una pieza. Sabrina, ¿tienes alguna sospecha? —Vanesa apartó la mirada de Inés, quien justo en ese momento levantó la cabeza con aire triunfante, sintiendo que era el centro de atención.
—Sospechosos sí hay, pero para saber con certeza hay que preguntar. Esta pieza era la más importante, si pudo copiarla… lo más seguro es que las demás también estén iguales o muy parecidas.
—¿La pieza secreta, la que no mostramos a nadie más, esa no la vio nadie, verdad?
—No, solo tú la viste —Sabrina contestó sin dudar.
—¿Tienes algún plan B?
Aunque los del otro equipo fueran acusados de plagio, ya era demasiado tarde para rediseñar. Si la pieza principal era igual, la presentación perdía todo sentido. Era un golpe duro para ellas.
Sabrina miró a Inés. La otra, como si lo hiciera adrede, se acomodó el cabello detrás de la oreja, dejando ver unos aretes del mismo estilo de la colección.
—¡Mira nada más la descarada! —Estrella no se aguantó, le dedicó una mirada de odio y hasta le hizo una señal grosera con el dedo.

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