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La Princesa romance Capítulo 358

—Hay otro asunto —añadió—. Esta versión es una modificación de la segunda, así que se parece demasiado. Hay que ajustarla otra vez; en pocas palabras, la situación no pinta nada bien para nosotros.

El semblante de Sabrina reflejaba preocupación. Sacar adelante una línea de joyería requería pasar por mil filtros antes de decidirse, y ese proceso demandaba tiempo, esfuerzo y dinero. Pero eso ni siquiera era lo más frustrante.

Lo que pesaba de verdad era el impacto del producto. Si otro ya había sacado algo similar, todo el asombro y la novedad del diseño se venían abajo. Eso sí era un golpe duro.

—Por ahora, hay que hacer un prototipo de inmediato. Además, preparen los bocetos y todas las pruebas posibles. No vaya a ser que Inés use a la prensa para voltearnos la tortilla y acusarnos de plagio. Si llegara a pasar, aunque logremos defendernos, mucha gente igual nos tacharía de copionas —opinó Vanesa, revisando el tercer borrador del diseño con la cabeza fría.

—¿Entonces qué hacemos con lo del plagio? Ya no podemos cambiar la idea principal... ¿Se podría mover la fecha al miércoles? —preguntó Estrella, frunciendo el ceño. Su familia no tenía nada que ver con la moda, pero hacía lo que podía para aportar algo.

—Imposible —le cortó Vanesa—. No hay tiempo. Además, si cambiamos de planes a última hora, los clientes se van a quedar con una pésima impresión. Al final, no importa quién copió a quién, todo nos perjudica. Puede que sientan lástima, pero al cliente lo que le importa es su experiencia, no nuestra desgracia.

David dio unos golpecitos en la mesa, atrayendo la atención.

—El estudio está enfocado en mujeres poderosas, de esas que tienen cartera amplia. Estas clientas piensan diferente: no les interesa cuánto cuesta una joya, sino si lo que compran las hace lucir su estatus, si las hace sentir especiales.

—Que nos plagien, que se filtren los bocetos... eso es bronca interna. A ellas no les interesa. Pero si esto las salpica, ¿tú crees que la próxima vez van a volver a confiar en nosotros?

David hojeó algunos documentos, seguro de su análisis tras entender a fondo la misión del taller de Sabrina.

—David tiene razón —apuntó Ismael—. Los inversionistas también van a volver a evaluar el riesgo. Ellos lo ven todo: si una empresa no puede ni proteger su información, por más atractiva que sea la inversión, lo pensarán dos veces.

Después de sus palabras, el silencio cayó sobre la oficina. Nadie se animaba a hablar.

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