Ambos voltearon al mismo tiempo; los demás también quedaron atrapados por lo que ocurría en la pantalla. Sin embargo, por alguna razón, a Inés le invadió una inquietud inexplicable.
Volteó hacia Sabrina, y justo en ese momento, sus miradas se cruzaron. Sabrina sonrió apenas, con una expresión que parecía esconder algo. Inés sintió un escalofrío correrle por la espalda y desvió la mirada de inmediato.
—No puede ser, mandé a esa asistente al extranjero anoche… Imposible, ¡es imposible! —pensó, tratando de convencerse a sí misma.
El recinto entero estaba sumido en la oscuridad; solo la pantalla iluminaba el lugar.
Apareció el logo de Estudio Soplo de Arte, el emblema del estudio de Sabrina.
Comenzó la música y se proyectó el video promocional de la Colección Savia Perenne, la última línea de joyería.
Al notar que el nombre y los colores del video coincidían demasiado con lo presentado en el evento, la gente empezó a murmurar, intercambiando palabras en voz baja. Varios periodistas percibieron que se estaba cocinando un escándalo y de inmediato enfocaron sus cámaras hacia Sabrina, que estaba sentada en la última fila.
—¿De quién es este salón de exhibición? —Nicolás tenía un mal presentimiento, aunque en ese instante Inés ya no le prestaba atención a nada.
—¡Apáguenlo, rápido, apáguenlo! —Inés ya había perdido el control; fue corriendo a desconectar la computadora, pero la pantalla siguió funcionando y el video no se detuvo.
—¿Qué esperan para apagarlo? ¡Muévanse! —vociferó Inés, desbordando nerviosismo. Sus empleados, apenas reaccionando, comenzaron a buscar desesperadamente algún botón que apagara la pantalla.
Pero parecían gallinas sin cabeza; ninguno lograba hacer que el aparato se apagara. Mientras tanto, en la sala de control, Estrella, sentada con las piernas cruzadas y mordiendo una manzana, observaba la escena a través de las cámaras de vigilancia, tan tranquila como si estuviera viendo una telenovela.
—No sirven para nada —la voz de Inés retumbó en el salón, provocando que más de uno frunciera el ceño.
—Cálmate, ¿qué te pasa? No hagas más grande el problema —le susurró Nicolás, tomándola del brazo, pero ella se lo zafó con un gesto airado.
Inés no estaba acostumbrada a que nadie le llevara la contraria. Era la consentida de la familia, la que siempre hacía lo que quería, y ahora, humillada en su propio evento, ¿cómo iba a serenarse?
Por fin el video promocional terminó, pero antes de que pudieran relajarse, apareció un nuevo video, solo que este tenía la imagen distorsionada.

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