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La Princesa romance Capítulo 387

Por suerte, Esmeralda siempre había sido una chica aplicada. Desde pequeña nunca les dio mayores problemas y ahora hasta logró entrar a la preparatoria más prestigiosa de la ciudad. Tomando en cuenta la situación de la familia, la escuela aceptó exentarle el pago de la inscripción.

Tanto Fabiola como su hija estaban felices. Hablaron de que, en cuanto Fabiola recibiera su sueldo, la llevaría al centro para comprarle alguna prenda nueva. Después de todo, desde que el hombre de la casa perdió el trabajo, madre e hija no habían vuelto a pasear por la ciudad y la ropa de Esmeralda seguía siendo la misma de hace tres años.

En la adolescencia los hijos crecen rapidísimo y varias prendas ya le quedaban cortas, pero como la mayoría del tiempo usaba el uniforme, nadie notaba nada.

Mientras platicaban, el hombre regresó tambaleándose, con una botella en la mano y apestando a alcohol. Al verlo, madre e hija guardaron silencio y, sin decir palabra, entraron a la cocina para servir la comida que ya tenían lista.

—Ahorita vas a casa de Manuel y le pagas lo del alcohol —ordenó el hombre con tono autoritario. Golpeó la mesa y le dio una patada a la silla, provocando que Esmeralda pegara un brinco.

—¿Y mi vaso? ¡Ve y tráeme mi vaso para el trago!

Esmeralda apretó los labios, aguantando las ganas de contestar, y fue a la cocina. Cuando regresó, llevaba el vaso en la mano.

La familia se sentó a la mesa. El ambiente era tan tenso que hasta el sonido de los cubiertos parecía demasiado fuerte. El hombre seguía sirviéndose, copa tras copa, y la alegría con la que Fabiola y Esmeralda conversaban hace unos minutos desapareció por completo.

Fabiola, después de pensarlo una y otra vez, soltó el aire y dejó sus cubiertos. Miró al hombre con decisión, aunque se notaba que le costaba hablar.

—¿Qué estás mirando? —aventó el hombre, estrellando el vaso contra la mesa.

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