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La Princesa romance Capítulo 408

—¿Qué dices que es una molestia? Ustedes los jóvenes de ahora solo piensan en el trabajo, se la pasan tan ocupados que ni tiempo se dan para comer, y a la hora de vestirse solo buscan verse bien, nada de abrigarse como Dios manda. Mira que justo estamos cambiando de estación, te puse caldo en el termo, tómalo mientras está caliente, ¿entendido?

Irma, que a fin de cuentas era madre de varios hijos, no podía dejar de hablar cuando se trataba de cuidar a los demás; en cada palabra se notaba el cariño.

Esteban no mostró ni un poco de fastidio, solo fue asintiendo mientras la escuchaba.

—Ya que Elías va a quedarse unos días en casa, ¿por qué no te vienes a cenar con nosotros después del trabajo? Te preparo lo que te gusta, y mira, hoy justo nos viene bien, ¿nos acompañas?

—Será para la próxima, hoy todavía tengo pendientes —la voz de Esteban sonó más suave, aunque seguía un poco seca, al menos no estaba tan cortante como con los demás.

Irma puso cara de decepción.

—Bueno, entonces el domingo. Por lo menos el fin de semana sí puedes, ¿verdad?

Esteban volteó a ver a Vanesa. Ella solo se encogió de hombros, claramente sin intención de ayudarlo y hasta parecía disfrutar el momento.

Esteban soltó un suspiro casi imperceptible.

—Está bien.

—Bueno, entonces nos vamos. El domingo te quiero ver aquí, ¿eh? No te preocupes por Elías, yo me encargo. Además, Cami puede hacerle compañía.

Esteban asintió y los vio subirse al carro.

—Hermano, ya me voy —dijo Elías, mientras Esteban lo ayudaba a subir.

—No le vayas a dar problemas a Irma —le revolvió el cabello con una torpeza que delataba su falta de costumbre.

—Ya sé —Elías, por raro que fuera, no respondió con alguna broma y solo asintió, obediente.

—Vámonos, calienta la comida antes de comer —Vanesa le hizo un gesto de despedida y luego subió al carro.

Esteban se quedó mirando hasta que el carro desapareció a lo lejos antes de entrar a la casa. Elías sacó la cabeza por la ventana, pero Vanesa lo regañó y, resignado, volvió a sentarse bien. Luego, ella cerró la ventana con seguro.

Camila le palmeó la mano.

—No pasa nada. Si extrañas a tu hermano, puedes hablarle por videollamada. Además, el domingo va a venir a cenar.

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