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La Princesa romance Capítulo 407

Irma no tenía idea de todo esto, porque al no recibir respuesta, pensó que Elías no quería regresar. Así que, aprovechando la ocasión, volvió a animarlo, esta vez con un tono más firme.

—Pequeño Elías, ¿no decías que te encantaba la comida que prepara Irma? No me vayas a decir que solo me lo decías por quedar bien.

—¡Claro que no! —Elías contestó al instante—. Los platillos de Irma son lo mejor que he probado en mi vida. Por más famoso que sea el chef, nadie cocina tan rico como tú.

Irma soltó una sonrisa.

—Entonces ya quedó, ¿eh? Pórtate bien, que Irma va a ir por ti junto con Cami y tu hermana Vane. Esta noche, tu señor Balderas va a preparar una cena de aquellas para todos.

Elías quiso replicar, pero Irma no le dio oportunidad y simplemente colgó la llamada.

Cuando le devolvió el celular a Vanesa, ella le mostró el pulgar en señal de aprobación. Irma le guiñó un ojo, desbordando picardía.

—Ánimo, vamos a recoger a Elías —dijo Irma, mientras le despeinaba cariñosamente el cabello a Camila.

—¡Sí! —Camila respondió con una energía radiante, los ojos brillando y una sonrisa tan amplia que nunca antes se la había visto. Parecía otra niña.

...

Mientras tanto, Elías seguía mirando la pantalla del teléfono, como si no acabara de asimilar lo que acababa de pasar. Sentado en su silla de ruedas, acariciaba distraído el pelaje de Trueno.

—¿Te vas a ir con la familia Balderas? —preguntó Esteban, quien al parecer ya se lo esperaba. Arrastró una pequeña maleta hasta dejarla justo al lado de su hermano.

—Aquí tienes tu ropa y tus medicinas. También eché la comida y los juguetes de Trueno. Si te hace falta algo, llámale al mayordomo y que te lo lleve.

El rostro de Esteban permanecía sereno, sin mostrar emoción alguna. Su voz sonaba cortante, como si estuviera cumpliendo una tarea que le habían impuesto.

—Ok —respondió Elías, atrayendo la maleta hacia sí. Intentó poner una voz seria, como si fuera un adulto distante, pero lo único que logró fue verse un poco chistoso.

—Buenas tardes, les encargo a mi hermano —dijo Esteban, mucho más calmado que Elías, saludando de forma educada a Irma.

Por Vanesa, Irma le tenía especial cariño a este chico que, aunque aparentaba ser distante, en el fondo era muy atento. Sabiendo todo lo que había pasado desde pequeño, Irma sentía una ternura especial por él.

De hecho, cuando Vanesa no se enteraba, Irma le mandaba mensajes a Esteban, invitándolo a comer o recordándole que no se descuidara con el frío.

—No es molestia, con Elías en la casa todo se pone más alegre —Irma sonrió, entregándole una bolsa.

—Aquí te dejo unos bocadillos que preparé esta mañana. Me dijiste que no eres muy fan de lo dulce, así que los hice sin azúcar. Prueba a ver qué te parecen, si te gustan la próxima vez te traigo más.

Esteban bajó la mirada hacia la bolsa en sus manos. Apenas si se notaba, pero sus labios se curvaron ligeramente. Si uno no se fijaba bien, ni lo notaba.

—Gracias, le agradezco mucho, señorita Irma.

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