—¿Y si te digo que no? ¿Por qué elegiría a alguien como tú, que ni siquiera puede asegurar su lugar como heredero, en vez de ir directo por quien ya tiene el poder en sus manos?
Al escuchar esas últimas palabras, el semblante de Nicolás se endureció de inmediato. Lo que más detestaba, lo que más le dolía, era que alguien mencionara su origen.
¿Por qué, por qué los supuestos legítimos podían quedarse con el derecho a heredar, aunque fueran unos inútiles, unos completos buenos para nada?
¿Y él? Tenía talento, fuerza, lo tenía todo, pero solo por el estigma de “hijo fuera de matrimonio” lo apartaban, se burlaban, le lanzaban indirectas. ¿Por qué tenía que ser así?
—Vanesa, ¿acaso tú no eres una impostora también? —Nicolás, ya sin filtros, buscaba desesperadamente algo en Vanesa, como si necesitara su complicidad—. Años y años siendo la consentida, y en cuanto se descubrió tu verdadero origen, te echaron sin pensarlo de la familia Montemayor. Tú lo sabes mejor que nadie: en ese círculo lo único que importa es la sangre. Les da igual tu capacidad, solo quieren un heredero legítimo, con apellido limpio.
Nicolás se puso de pie y fue directo hacia Vanesa. Desde arriba, le clavó la mirada.
Vanesa lo observó, y en ese instante entendió por qué él solo había acudido a ella.
—Tú y yo somos iguales, Vanesa. Estamos hechos el uno para el otro. ¿De verdad crees que David no busca nada de ti? ¿Crees que no tiene sus propios intereses? El día que te exprima todo lo que pueda, ese mismo día te va a botar. Ahora es el soltero de oro: tiene dinero, tiene poder. ¿En serio piensas que de verdad le importas, así como eres, siendo una “impostora”?
Nicolás le soltó cada palabra despacio, como si con cada sílaba desnudara a Vanesa frente a sus propias inseguridades. Su voz era como la de una serpiente, aparentemente tranquila, pero con el veneno listo para morder a la mínima oportunidad.
De pronto, le sujetó la mandíbula de forma brusca, obligándola a mirarlo directo a los ojos.
—Vanesa, estamos solos, tú y yo, bajo el mismo techo. ¿Te imaginas cómo lo van a contar los medios? ¿Crees que David va a aceptar que le pongas los cuernos? Aunque confíe en ti, ¿de verdad podrá soportar todo el chisme y las malas lenguas?
Nicolás la miró con fijeza, tentándola, probando su temple.

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