Cada quien sigue su propio camino, avanzando hacia el destino que le pertenece. La juventud parece durar solo unos años, pero ellas, en el fondo, nunca han envejecido.
Cuando todo finalmente se acomodó, Vanesa decidió desaparecer por un tiempo, dejando la empresa en manos de sus personas de confianza. Ahora tenía en mente hacer algo diferente, algo que jamás había experimentado en su vida.
Sin embargo, antes de eso, había algo mucho más importante por hacer.
—Vamos —dijo David, que ya la esperaba desde hacía rato afuera del edificio.
Vanesa se arrojó a sus brazos. David, sin dudar, le dio un beso en la frente. Se abrazaron y se apapacharon sin prisa, disfrutando ese instante pegados uno al otro, hasta que por fin subieron al carro rumbo a su destino.
—¿Primero vamos a Venus Couture a cambiarme el vestido y luego directo a casa de los Olivera? —preguntó Vanesa mientras se ponía el cinturón de seguridad.
—Así es. Regina va a ajustar los últimos detalles de tu vestido. Sabrina Ospina ya se probó el suyo en la mañana, pero tiene que pasar por el estudio a recoger las joyas que van a llevar ustedes. El equipo de maquillaje ya llegó a casa de los Olivera. Ahora mismo están con Estrella, haciéndole la prueba final de maquillaje. Yo te llevo, pruebas el maquillaje, te pones el vestido y descansas un rato. Según Ismael Morgado, como a las cinco de la madrugada vamos a salir todos de la casa de los Morgado.
—¿Eso quiere decir que tú ni vas a poder dormir? —preguntó Vanesa, con ese cariño especial que solo se tiene por la pareja. Pero aunque le dolía por él, la boda de su mejor amiga era prioridad, así que a David le tocaba hacer el sacrificio.
A David le pasaba por la cabeza lo mismo.
—¿Qué más puedo hacer si tengo una amiga tan especial? Oye, mi amor, ¿crees que puedas no ser tan dura conmigo cuando llegue el momento?
El tono de David era claramente de súplica, buscando un poco de consideración.
—Ni lo sueñes, mi amor —le contestó Vanesa, usando el mismo tono juguetón.
David hizo una mueca de niño regañado, fingiendo estar ofendido. Vanesa lo notó y soltó una risa bajita, luego le dio un beso en el dorso de la mano.

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