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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 150

—¿Y ahora qué con mi tono? ¿Te rompí el corazón? ¿O te hice quedar mal frente a todos tus antepasados?

Por un momento, Marco no supo si debía responderle con un par de insultos.

En ese instante, la puerta trasera del carro se abrió y Marisol bajó.

Ángela no podía creer lo que veía.

Apenas eran las siete y media, ¿ella de verdad había llegado tan temprano al Residencial Bahía Platina?

Pensar en que Cristina estaba desaparecida, mientras Octavio andaba ocupadísimo con su amante, le hervía la sangre.

—Mira nada más, ni siquiera te has divorciado y ya te andas metiendo donde no te llaman. ¿Tu mamá ni revisó bien antes de buscar con quién tenerte, o qué?

Marisol tragó el insulto, no le reviró, y en cambio se acercó con elegancia.

—Mi hermano está resfriado, no lo molestes con tonterías. Si tienes algo que decir, dímelo a mí.

¿Acaso la desaparición de su esposa era una tontería?

Ángela estaba a punto de soltarle la noticia de Cristina, pero Marisol añadió:

—Mientras esté en mis manos ayudarte, yo me encargo.

O sea, no pensaba dejar que la noticia llegara a oídos de Octavio.

Eso no le gustó a Ángela, quien intentó rodearla para abrir la puerta de atrás del carro.

—Te dije que no molestes a mi hermano, él está enfermo.

Marisol, con el pretexto de bloquearle el paso, se le plantó enfrente.

Ángela ya estaba tan furiosa que sentía ganas de agarrarse a golpes con cualquiera, así que no dudó en empujarla fuerte.

Marisol cayó, golpeándose la parte de atrás de la cabeza contra la puerta del carro.

—¿Señorita Silva, está bien? —Marco se acercó de inmediato, preocupado.

Pero Marisol ladeó la cabeza y, de pronto, se desvaneció.

—¡Esto está mal, se pegó en la cabeza!

Marco sacó su celular y marcó al 120.

En ese momento, la puerta trasera volvió a abrirse y Octavio bajó del carro.

Se notaba que no estaba bien; además del resfriado, la noche anterior no había pegado el ojo tras ver a Cristina irse con Jesús. Tenía los ojos marcados por el cansancio, y al ver a Marisol inconsciente, su mirada se volvió aún más dura.

Ángela, al verlo, no pudo contenerse:

—Octavio, tu esposa...

—¡Cállate! —Octavio la interrumpió con un grito seco—. Mejor dile a tu hermano que venga a ver el desastre que armaste.

Ángela se quedó sin palabras.

[¡Que se quede viudo! ¡Estoy del lado de Cristina, que se quede viudo!]

...

Antes de terminar, la puerta del consultorio se abrió. Octavio salió con el ceño fruncido y ni siquiera la miró; se fue de largo, y Marco se apresuró a seguirlo.

Elián se acercó a su hermana, serio.

—¿No te das cuenta de lo mal que quedas peleándote con gente así?

Ángela mordió su labio, al borde del llanto.

—Cristina desapareció. No volvió en toda la noche, estoy muy preocupada.

Elián frunció el ceño.

—¿Cómo que desapareció?

Ángela estuvo a punto de llorar.

—Todo por una junta de negocios. Jesús se la llevó a cenar y después nadie supo de ella. Ya van más de diez horas y no tenemos ni idea de qué le está pasando.

Elián, aunque preocupado, mantuvo la calma. Le pidió que le contara todo desde el principio y enseguida llamó a un amigo para revisar las cámaras de la zona esa noche.

Y sí, encontraron algo.

Cristina había sido llevada al carro por Jesús.

—Ese malnacido, aseguró que Cristina se había ido sola en taxi —dijo Ángela, furiosa.

—Vamos, hay que buscar a los policías y dar con Jesús —dijo Elián, decidido.

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