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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 181

—¡Cristina!

Octavio la miraba, el pecho subiendo y bajando con violencia, como si no pudiera encontrar aire suficiente.

Cristina apoyó el rostro cerca de la rendija diminuta de la ventana, y su sonrisa, tan luminosa, casi hería la vista.

—Si de verdad bajo la ventana, ¿te animas a mirarme?

En los ojos de Octavio, la dureza se desvaneció de golpe. Forzó una sonrisa, apenas un destello en el rostro.

—Sé que mi Cristi no haría algo así.

La sonrisa de Cristina desapareció en un instante. El gesto se volvió seco y apartó la mirada con brusquedad.

En ese momento, Octavio metió una caja de medicinas a través de la ventana del carro.

—¿Qué es esto?

Cristina la tomó, curiosa. Cuando vio de qué se trataba, la impresión la dejó callada un par de segundos.

No pudo evitar una mueca sarcástica. ¿De verdad? Esposa infiel, y el marido le trae pastillas anticonceptivas… ¿Acaso quería ponerse la corona de tonto él solo?

—¿Crees que si tú y yo nos ponemos a engañarnos por igual ya estamos a mano? —El tono de Cristina rezumaba burla—. ¿Cuántos años llevas acostándote con Marisol? ¿Qué crees que soy yo para ti? ¿De verdad piensas que esto nos deja en paz?

Octavio tragó el mal sabor de boca, intentando sonar tranquilo.

—No es eso. Solo pensé que la pastilla te protege.

—¿Y tú crees que yo todavía puedo tener hijos? —La voz de Cristina se volvió filosa, cortante como navaja.

A Octavio se le atoró la garganta, como si le hubieran metido un puñado de plomo.

Cristina, sin piedad, aventó la caja fuera del carro.

—Si pudiera quedar embarazada, lo tendría sin dudarlo. Así que, si no quieres que te ponga los cuernos con descaro, mejor pide el divorcio de una vez.

Dicho esto, pisó el acelerador y se fue sin mirar atrás.

Octavio se quedó allí, clavado como estatua, con la mirada perdida y una sombra de dolor que no se le quitaba de los ojos.

Así se sentía la traición. Quemaba, dolía, y aun así… no podía odiarla, por más que quisiera.

...

—Señor Lozano, la reunión de accionistas empieza en media hora.

La voz de Marco lo arrancó de ese pozo oscuro.

Octavio levantó la mirada. El viento de la tarde le rozó el rostro, y con él, se llevó la debilidad que lo había atrapado por un instante.

—Averigua quién iba en su carro.

Marco dudó apenas.

—...¿No se atrevió a mirar en el momento, pero ahora quiere saber?

—Sí.

...

Un rato después, Cristina estacionó el carro en el Hotel Corona del Rey.

La mujer se echó a llorar, temblando de pies a cabeza.

—No quería… Mi mamá está grave, mi papá no puede moverse, mi hermano está en la cárcel… necesito mucho dinero para salvarla…

—¿Y de qué te sirve ese dinero si ni siquiera sabes si vas a salir viva? —Cristina clavó la pregunta como una aguja.

La mujer, rota por dentro, se echó a llorar.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Cristina.

—Lilian...

—¿En qué has trabajado?

—Vendí cosas afuera de la escuela, hice promociones en un salón de belleza… hasta trabajé en un club.

La voz de Lilian se fue haciendo más apagada con cada palabra.

Cristina entrecerró los ojos.

Saúl había logrado que confesara hasta el último detalle.

—¿Quién te dio la orden?

El cuerpo de Lilian empezó a temblar.

—No puedo decirlo… Si hablo, va a matar a toda mi familia. Tiene mis papeles y sabe dónde vivo…

—Entonces cuéntame cómo te las arreglaste ayer.

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