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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 322

Del otro lado del teléfono no se escuchaba claramente qué decía, pero Marisol volvió a hablar, furiosa:

—Fuiste tú quien hizo que ese depravado de Jesús Anaya se fijara en Cristina, y también fuiste tú quien incitó a Óscar a vengarse de ella, dejando todo un historial de problemas entre ellos, solo para que después Oliver cometiera el crimen y cargarle la culpa. Si Octavio se entera de todo esto, ¿de verdad crees que te va a perdonar?

No se sabía qué respondió Adrián, pero Marisol ya estaba fuera de sí.

—Sí, tú mataste a Jaime Lozano, y aun así la familia Lozano no te hizo nada. Cristina, por supuesto, no es tan importante como Jaime. Pero yo tengo pruebas de que ordenaste a Oliver encargarse de todo, y hasta tengo grabaciones de tus llamadas con tu “protector”, donde quedó clarito cómo le diste una lana. Si te atreves a tocar lo que ahora tengo, nos vamos todos para abajo.

La grabación no era larga, pero cada palabra sacudía la realidad de Cristina.

—Señora, esta es la llamada que grabé a escondidas mientras Marisol hablaba. No sé si le servirá. No me atreví a confiar en nadie más, solo quería dársela en persona para estar tranquila.

—Sí que me sirve, gracias.

Cristina logró controlar el temblor en su voz.

Aunque no era evidencia directa, sí podía servir para implicar a Marisol y a Adrián en el asesinato.

Valeria, sin vacilar, borró la grabación de su propio celular frente a Cristina.

—Marisol ahora está viviendo en Villa Aurora, bajo protección del señor Lozano, pero quiero que sepa que él no la está cuidando porque sí. No hablo por nadie, solo… —titubeó un momento—, yo puedo ver que el señor Lozano, en el fondo, siempre la ha tenido a usted en su corazón.

¿A ella?

A Cristina se le dibujó una mueca amarga.

Rápido disimuló sus emociones.

—El vuelo no espera, apúrate. Y cuando te vayas, no regreses. ¿Tienes suficiente dinero para instalarte allá?

—Sí, el señor Lozano me dio bastante. Señora, cuídese mucho.

Con los ojos al borde del llanto, Valeria arrastró su maleta y se dirigió deprisa a la puerta de abordaje.

Cristina la observó alejarse, sintiendo un hueco en el pecho. Tomó el celular y marcó el número de la policía.

—Hola, sé dónde está Marisol…

...

Después de despedir a Valeria, Cristina fue directo a las oficinas de Tecnología Prisma.

Francisco estaba en una junta, así que pidió a Joaquín que la llevara a su oficina.

Poco después, Francisco terminó la reunión y entró a la oficina.

Lucía impecable con su traje oscuro, sin rastro de desorden; el ceño sereno, el porte de alguien que controla cada movimiento.

Así era Francisco en modo trabajo: seguro, imponente, dueño de la situación.

Al verla, su expresión se suavizó y preguntó, con toque de broma:

—¿Ya te desesperaste de esperar?

Cristina deslizó la caja de regalo negra hacia él.

—El regalo del señor Jurado es demasiado caro para que yo lo acepte.

Francisco tamborileó los dedos en el escritorio y la miró de frente, sin perder la sonrisa.

—Cuando uno le da algo a la persona que le gusta, no importa el precio, lo que cuenta es si el sentimiento es sincero.

—¿Ah, sí? —Cristina apoyó la barbilla en una mano y lo observó fijamente, imposible adivinar qué pensaba—. Entonces, ¿qué es exactamente lo que le gusta de mí, señor Jurado?

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