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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 474

—¡No te hagas el tonto! ¿Crees que no conozco a los hombres?

—Tobías, a los ocho años te querían encajar a esa chiquilla como esposa y no dijiste que no. La niña de los Rivas tenía apenas doce años cuando desapareció y tú sigues buscándola como loco. Dime, ¿qué clase de sentimientos tan profundos puedes tener por una escuincla?

Con el pretexto de una rabieta, Cristina finalmente soltó toda la frustración que llevaba dentro.

Lo miró fijamente a los ojos, sin perderse el más mínimo gesto.

—Te pasaste más de diez años buscándola, pero a mí me conociste hace dos meses y ya querías casarte conmigo. ¿Qué significa eso? ¿Estás proyectando tus sentimientos en mí? ¿O es solo porque me parezco a ella y porque te divierte que sea la única que sabe cómo hacerte perder la cabeza? ¿Soy un juego para ti?

Sus palabras hicieron que la mirada de Tobías se helara. Un destello de dolor cruzó por sus ojos antes de apagarse, devolviéndole la calma.

—Tengo una responsabilidad con ella que no puedo eludir. Sea por lo que sea, encontrarla es la misión de mi vida. Pero te amo a ti, te consiento y me casé contigo simplemente porque eres tú, porque a mis ojos eres una mujer real y diferente a todas las demás. No tiene nada que ver con el pasado ni con ninguna promesa.

La mano de Cristina, que todavía sostenía la corbata, se aflojó sin que se diera cuenta.

La frase «simplemente porque eres tú» desvaneció toda su ira fingida.

—Más te vale no estar mintiéndome.

Tras decir eso, le soltó la corbata e intentó enderezarse.

Pero él le tomó la mano y la colocó sobre su pecho, mientras con el otro brazo la sujetaba por la cintura, obligándola a sentarse a horcajadas sobre él.

Fue entonces cuando Cristina se dio cuenta de que la temperatura de su cuerpo era anormalmente alta.

Estaba a punto de preguntar «¿qué te pasa?», pero Tobías se le adelantó, mostrándole un tubo de pomada.

La pregunta preocupada que iba a salir de su boca se transformó en:

—¿Y esto qué es?

—Cada vez que quiero que nos entreguemos por completo, te preocupan las cicatrices de tu cuerpo y no me dejas verte. Ni siquiera en el hospital permitiste que te ayudara a limpiarte. Mandé a hacer esta pomada especialmente para ti. Los ingredientes son difíciles de conseguir y la preparación llevó tiempo. Si la usas constantemente, las cicatrices deberían desaparecer casi por completo.

El corazón de Cristina dio un vuelco.

Nunca le había dicho explícitamente que le molestaban sus cicatrices, pero él se había dado cuenta y, en silencio, había encontrado una solución para ella.

La espina que él le había clavado seguía ahí, y no quería mostrar lo conmovida que estaba.

—Gracias —murmuró. Tomó la pomada e intentó levantarse de su regazo.

Sin embargo, el brazo que la rodeaba se tensó de repente.

***

Román regresó a la mansión Jurado hecho una furia.

Apenas entró en la sala, un empleado se le acercó.

—Señor Muñoz, ¡la señora quiere quitarse la vida!

Con todos los problemas que tenía encima, Román no estaba de humor para preocuparse por Begoña Muñoz.

—Esa le tiene demasiado amor a la vida —respondió con dureza—. Si de verdad quisiera matarse, ya lo habría hecho, no se habría esperado hasta ahora. ¡No me molestes!

Dicho esto, se dispuso a subir las escaleras.

El empleado, que había recibido dinero de Begoña, se apresuró a entregarle una placa de jade.

—La señora dice que dejó un testamento —le susurró—. Ciertas cosas que ha mantenido en secreto saldrán a la luz después de su muerte.

***

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