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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 493

Sus dos compañeros habían sido neutralizados por Lidia en un solo movimiento.

Los otros dos, en lugar de seguir hacia el cuarto, cambiaron de dirección para “rescatarlos”.

Pero el resultado fue el mismo: una derrota aplastante.

Salomé, furiosa, señaló a Cristina y empezó a gritarle:

—¡Maldita seas, Cristina! ¿Te atreves a soltar a tus perros para que muerdan a la gente? ¡Ahora mismo le voy a hablar a mi cuñado!

Dicho esto, sacó su celular.

Cristina se sentó lentamente en el diván y le dijo a Lidia con toda calma:

—Ya te dijo perra. ¿No vas a hacer nada al respecto?

Lidia se había estado conteniendo por precaución, pero al oír a Cristina, caminó directamente hacia Salomé.

—Tú… tú… ¿qué haces?

Salomé intentó escapar, pero Lidia la sujetó con fuerza.

Con una barrida, Lidia la hizo caer de bruces al suelo y luego le puso un pie en la espalda.

Cristina habló sin apuro:

—La familia Rivas es de la alta sociedad, ¿cómo es que educaron a una hija con un lenguaje tan vulgar? Ya que tus padres no te enseñaron modales, hoy lo haré yo en su lugar.

—¿Y tú quién te crees para educarme? ¡Cristina, si te atreves a ponerme un dedo encima, te juro que haré que mi cuñado me defienda!

En ese momento, Tobías era el único salvavidas al que podía aferrarse.

A Cristina ni siquiera le interesó responderle. Se levantó, fue hacia la entrada, tomó dos calzadores largos del armario y se los entregó a Lidia.

—Usa esto, para que no te canses la mano.

Lidia los tomó, probó su peso y sonrió.

—Ah, qué buena idea. Con esto en la mano, siento que tengo toda la autoridad para darle sus nalgadas.

Mientras la mano de Lidia subía y el calzador bajaba, los gritos de Salomé resonaron por toda la suite presidencial.

—¡Ah! ¡Suéltame! ¡Cristina, no te saldrás con la tuya! ¡Voy a llamar a la policía! ¡A la policía!

Salomé lloraba y mocos le corrían por la cara, sin rastro alguno de la dama de sociedad que pretendía ser.

El director de habitaciones, a un lado, no se atrevía a intervenir y solo podía mirar.

Sin embargo, cuanto más gritaba Salomé, más fuerte le pegaba Lidia.

Cuando el primer calzador se rompió, tomó el segundo.

Hizo una pausa y se dirigió a su director de habitaciones.

—Marcos abusó de su autoridad y actuó de forma inapropiada. Queda suspendido de inmediato y será sometido a una investigación interna del grupo.

—Faustino… —El director de habitaciones, con cara de sufrimiento, intentó decir algo, pero una mirada fulminante del gerente lo silenció.

Cristina se dio cuenta de que le estaban ofreciendo una salida honorable, y no era de las que se ponían necias, así que le hizo una seña a Lidia para que se detuviera.

A Salomé le ardían las nalgas de un dolor punzante que la hacía jadear. No podía verse más patética.

El gerente llamó rápidamente a dos empleados para que la ayudaran a levantarse y la sacaran de ahí.

—Faustino, te estoy dando el beneficio de la duda —dijo Cristina con indiferencia.

El gerente asintió rápidamente.

—Sí, se lo aseguro, esto no volverá a ocurrir.

Dicho esto, se retiró discretamente con el director de habitaciones suspendido.

Este, sin entender, susurró con cara de pocos amigos:

—¿No sabes el poder que tiene la familia Rivas en Clarosol? ¿Ofenderlos por esa mujer? Creo que el que quiere que lo suspendan eres tú.

***

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