Reprimió la oleada de emociones y la consoló con voz suave:
—Espero que ocurra un milagro y que ella pueda… volver pronto.
—Gracias, eres una persona muy buena.
La señora Anaya se recompuso rápidamente.
En ese momento, la ceremonia de donaciones benéficas estaba a punto de comenzar, y se dirigió apresuradamente hacia el estrado principal.
Cristina observó su espalda, y un torbellino oscuro se formó en su mirada.
La buena de Carlota Rivas estaba muerta, y no iba a volver.
Luego, tomó una copa de champán y, sin expresión alguna, hizo una seña a un mesero.
—Disculpe, no puedo tomar bebidas frías. ¿Podría calentármela, por favor?
***
Unos minutos después.
En el escenario, la señora Rivas presentaba la donación de la familia Rivas: un brazalete de gran valor.
Abajo, Salomé, rodeada de varias damas de la alta sociedad, presumía en voz baja:
—Mi collar no es de oro, pero es más caro que el oro. Este material no lo consigue cualquiera.
Justo cuando terminaba de hablar, una copa de champán voló entre la gente y se derramó precisamente sobre su cuello.
O más bien, sobre el collar.
—¡Ay, qué caliente!
Salomé soltó un grito y, al fijar su mirada en Cristina, la acusó de inmediato:
—Cristina, ¿¡qué te pasa!?
—Lo siento, el piso está disparejo y casi me tropiezo. No fue a propósito.
El rostro de Cristina mostró una expresión de «pánico», y rápidamente tomó una toalla blanca con trozos de hielo de la bandeja de un mesero.
—¡Deja que te lo limpie!
—No me toques con tus manos sucias…
Salomé no pudo detenerla. La toalla, helada hasta los huesos, ya estaba presionando con fuerza el collar de metal que había sido empapado por el líquido caliente.
Pero frente a Cristina, no podía hacerlo.
¡Zas!
La bofetada, cargada de frustración, terminó aterrizando en la mejilla de Salomé.
—¡Mamá! —Salomé se cubrió el rostro, gritando con incredulidad—. ¡Ella rompió el collar! ¿¡Por qué me pegas a mí!?
La señora Rivas jadeaba, sin responderle de inmediato.
Cristina intervino con una voz suave, pero sus palabras eran puro veneno.
—Es que te han pegado muy poco. Por eso no sabes cuál es tu lugar y andas por ahí dejando en ridículo a la familia Rivas, presumiendo tu falta de inteligencia. Antes de desear algo, piensa si te lo mereces. Si no es tuyo y aun así lo codicias, es que no tienes ni idea de quién eres y solo te buscas la humillación.
Quizás fue por la fuerza que irradiaba en ese momento, pero Salomé, aunque temblaba de rabia, no pudo responderle.
Pero Cristina no pensaba dejarla en paz.
Se giró hacia todos los invitados y dijo con una voz clara y agradable:
—Hace un momento, la señorita Salomé tuvo algunos comentarios sobre mi vestido alquilado. Y tiene razón, esta noche es la cena benéfica de la señora Anaya, y no debería haber venido con un vestido alquilado, pero eso es porque…

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