Al otro lado de la ciudad, en el último piso del Club del Arte Vivo.
Alexander le servía una taza de té a Hilario, con una sonrisa de triunfo pintada en el rostro.
—Elián Montoya se reunió en secreto con varios representantes de la industria militar extranjera estos días. Tenemos todo grabado. En un momento, esas «evidencias» aparecerán en internet. Y de pronto, se me ocurrió una nueva idea...
Se inclinó hacia adelante, bajando la voz a propósito.
—Aprovechando que Cristina está hundida en el escándalo de «persecución hasta la muerte», podemos colgarle el milagrito de traición a la patria y enviarla a prisión. Así, AbreLatam caerá en nuestras manos en un abrir y cerrar de ojos.
Hilario, sentado en su imponente sillón, asintió satisfecho.
—Esa mujer no entiende por las buenas, va a tener que aprender a la mala. Cree que por tener el respaldo de Octavio puede pelear contra mí; está muy verde. Que sufra un poco le vendrá bien. Una vez que se confirme el delito de «traición», ni Octavio podrá salvarla. Que se pudra en la cárcel.
En ese momento, las puertas del elevador se abrieron y una secretaria entró apresuradamente con una tableta en la mano.
—Señor Castillo, tiene que ver las tendencias ahora mismo.
Alexander sacó su celular de inmediato y revisó las noticias.
La rueda de prensa que Cristina dio frente al féretro de Salomé encabezaba los titulares.
La acusación de «persecución», que originalmente circulaba en círculos pequeños, se había transformado en un debate nacional tras su intervención. Y el tema de «la extraña muerte de una reclusa en prisión» detonó la curiosidad del público.
Los usuarios en redes cuestionaban: «¿De verdad Cristina, una simple investigadora, tiene tanto poder para matar a alguien dentro de la cárcel? ¿O hay una conspiración oscura detrás de esto?».
Hilario hizo un gesto para que la secretaria se retirara y miró a Alexander con evidente desagrado.
—¡Mira lo que has hecho! Tenías que usar un método tan burdo para silenciarla en prisión, y ahora ella ha aprovechado tu estupidez para voltearnos la opinión pública. ¿Tú le tendiste una trampa a ella, o ella te la tendió a ti?
Alexander había sido tomado por sorpresa, pero recuperó la calma rápidamente.
—Seguro fue idea de Octavio. Pero no se preocupe, estoy preparado. En el centro de análisis caligráfico, el experto encargado de verificar la carta de suicidio de Salomé es de los nuestros. La etiqueta de «asesina moral» no se la quita nadie a Cristina.


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