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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 91

Marisol intentaba provocar, pero Cristina ni se inmutó.

Por ese tipo, ya no sentía absolutamente nada.

—¿Así que te desgastaste armando todo este show solo para tenerme bien atada, y así poder revolcarte con tu hermano con la conciencia tranquila?

La sonrisa de Marisol se ensanchó.

—Ya regresé, así que tú deberías irte. Tu mayor error fue no haber terminado de una vez por todas y divorciarte de él.

Cristina, que al principio estaba algo decaída, terminó soltando una carcajada tras escucharla.

Esa risa dejó a Marisol completamente desconcertada.

—¿De qué te ríes? —preguntó con el ceño fruncido.

Cristina respondió con calma:

—Ese tipo... que lo recoja quien quiera. Pero tú, que te ofreces así de fácil, qué bajo has caído.

—Cristina, mañana mismo te cuento lo bien que se porta mi hermano en la cama —aventó Marisol antes de marcharse, furiosa.

...

Cristina regresó a la habitación. La enfermera acababa de ponerle una inyección a Julieta.

—Le recomiendo a los familiares que después de aplicar la inyección, coloquen una toalla caliente en la zona. Así se estimula la circulación y el medicamento se absorbe más rápido en los músculos —explicó la enfermera antes de salir.

Julieta, que durante toda la tarde había estado tranquila, le lanzó una mirada de lado y le soltó de mala gana:

—¿Vas a quedarte parada ahí como tonta? Ayúdame a sentarme y ponme la compresa caliente.

Cristina dejó el termo de agua, se acercó para sostenerle la espalda, pero Julieta la empujó con fuerza.

Tenía más fuerza que una persona sana. ¿Así o más fingida?

—¿De verdad eres tan inútil? ¿Te quieres vengar haciéndome daño? El doctor dijo que primero hay que mover la cama, luego poner la almohada y hasta el final ayudarme. ¿No sabes ni eso? ¿Cómo es que llegaste a ser persona?

Cristina, en silencio, fue a ajustar la cama, pero Julieta la interrumpió otra vez.

—¡Muy alto! ¡Más bajo...! No, ya te pasaste. ¡Cristina, me quieres fastidiar! Le voy a decir a mi esposo.

Sacó el celular y comenzó a enviar mensajes.

[Amor, esta inútil me está haciendo sentir fatal. ¿Dónde estás?]

Pero no recibió respuesta.

Como no podía descargar su enojo con su esposo, se lo soltó de nuevo a Cristina.

Cristina retiró la mano que Óscar le había ofrecido y se fue sin decir nada a buscar más agua.

Óscar dio un par de indicaciones y luego salió hacia otra habitación.

Julieta, sarcástica, le gritó desde la cama:

—¿No que ibas a quitarme todo lo que tengo? Mírate, ya eres mi sirvienta. ¿Con qué cara me vas a quitar algo?

Cristina no respondió. Tenía los dedos tan rojos que casi le ardían. Fue directo al baño a refrescarse las manos.

Julieta estuvo un rato lanzándole insultos, pero como nadie le contestó, se aburrió y se quedó callada.

...

A media noche, Julieta tuvo una nueva ocurrencia. Agarró la manzana que tenía junto a la cama y se la aventó a Cristina.

El golpe la despertó de golpe. Cristina, todavía aturdida, se frotó la cabeza y la miró frunciendo el ceño.

Julieta, molesta, le gritó:

—Tengo hipoglucemia. Tú duermes como tronco, ¿qué tal que me muero? ¿Quieres matarme?

—No te preocupes tanto, las malas hierbas siempre duran más —replicó Cristina, sentándose despacio y respirando hondo para despejarse.

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