Mila no se quedó mucho tiempo en el hospital; sacó a Mónica de allí rápidamente.
Con semejante alboroto en el hospital, era inevitable que hubiera revuelo, pero ella estaba segura de que Jaime no se atrevería a llamar a la policía. Las familias adineradas valoraban demasiado su reputación; este tipo de escándalos no solo se ocultarían, sino que usarían todas sus influencias para silenciarlos.
Considerando que Mónica estaba en el ojo del huracán, llevarla a su propio apartamento no era seguro, y llevarla con Nuno Páez era imposible. Ese hombre de humor cambiante la echaría a patadas si veía que llevaba a una desconocida.
Tras pensarlo mucho, el lugar más seguro era la villa de la familia Quiroz.
Las ruedas del auto rodaban suavemente por el pavimento.
En el asiento del copiloto, Mónica tenía el ceño fruncido y miraba fijamente el paisaje que pasaba rápido, claramente abrumada por sus pensamientos.
—Moni, ¿estás bien? —Mila la miró de reojo y suavizó su tono de voz—. Si te sientes agobiada, podemos dar una vuelta para que te distraigas.
Mónica esbozó una sonrisa pálida:
—Mila, no te preocupes por mí. Es que... todavía no asimilo lo que dijo Katia.
¿La favorita de su abuelo era ella?
Esa afirmación era ridícula.
Si su abuelo realmente la amaba, ¿por qué no apareció para decir una sola palabra en su defensa cuando la incriminaron y la enviaron a prisión? E incluso durante los años que estuvo encerrada, ese supuesto anciano amoroso nunca fue a visitarla ni una vez.
¿A eso se le llama ser la favorita?
Mila detuvo el auto lentamente a un lado de la acera y encendió las luces intermitentes. El interior del vehículo quedó sumido en un breve silencio, solo iluminado por el tenue resplandor del tablero.
—Moni, Katia ya está investigando la verdad sobre lo que pasó en aquel entonces. Pero las aguas de la familia Centeno son muy profundas y muchas pistas clave fueron borradas intencionalmente. Tomará un poco de tiempo sacarlo todo a la luz.
Katia obtuvo esa información por pura casualidad, pero al indagar más, se encontró con muchos obstáculos. Estaba claro que la ausencia del anciano Centeno en aquel entonces escondía algo.
—Mila, ¿debería tener esperanza? —Mónica, con los ojos llorosos, miró a Mila con dolor y la voz temblorosa—. Estos tres años me obligué a aceptar la realidad, a enfrentar el favoritismo de mi abuelo hacia otros.
—Ya estaba preparada para cortar lazos con la familia Centeno. Pero ahora alguien me dice de repente que soy la nieta favorita del abuelo... ¿Cómo voy a creerlo? Tengo miedo de que... al final todo esto sea solo otra mentira elaborada.
Mila, al verla tan vulnerable, lo entendió perfectamente. Extendió la mano y sujetó con firmeza el dorso tembloroso de la mano de Mónica, mirándola fijamente a través de sus gafas.
—Moni, puedes tener esperanza. E incluso si esa esperanza se rompe, yo estaré respaldándote. Yo soy tu refugio seguro.
—Mila... —A Mónica le picó la nariz y una cálida sensación inundó su corazón. Sus años de prisión habían sido como el infierno, y conocer a Mila fue su única salvación.
En aquel lugar oscuro, Mila la había protegido como un ángel de la guarda, dándole consuelo cuando estaba desesperada. Muchos salían del Penal 01 irreconocibles, pero ella había logrado mantener su inocencia gracias a Mila.

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