Hospital de la ciudad, área de cuidados intensivos.
El aire en la sala de espera para familiares parecía haberse congelado; la tensión era asfixiante.
—Tío, Jaime tomó a Evita como rehén y escapó. —Víctor tenía un semblante sombrío y hablaba de prisa—. En ese momento, todo era un caos. Evita no entendía qué pasaba y, engañada por Jaime, se acercó a él, y entonces...
Hizo una pausa y apretó los dientes.
—Jaime la atacó de repente y la usó como escudo. Los guardaespaldas no se atrevieron a hacer nada por miedo a lastimar a Evita, y solo pudieron verlo huir.
—¡Ese malagradecido!
Mauricio golpeó la mesa con fuerza. Sus ojos estaban nublados y la furia amenazaba con estallar.
—¡¿A estas alturas todavía intenta resistirse?! ¡Víctor, moviliza a toda la gente disponible de la familia de inmediato y búscalo por toda la ciudad!
—¡Asegúrate de traer a Jaime de vuelta!
—¡Sí, señor!
Justo cuando Víctor se daba la vuelta para irse, se escucharon pasos torpes al final del pasillo.
Una figura delgada y frágil entró tambaleándose en su campo de visión.
—¿Evita?
Mauricio se levantó de golpe, con las pupilas dilatadas.
—Evita, ¿cómo lograste volver?
—Papá... Víctor... —Evelyn estaba más pálida que un papel. Logró esbozar una sonrisa forzada y rota, antes de que su cuerpo se balanceara y cayera desmayada al suelo.
—¡Rápido! ¡Llama a un doctor! —Mauricio, muerto de miedo, corrió y atrapó a su hija antes de que tocara el piso.
Después de un caos de atención médica de urgencia, la situación de Evelyn finalmente se estabilizó.
—La señorita Evelyn recibió una puñalada profunda en el abdomen. Por suerte no dañó ningún órgano vital, de lo contrario las consecuencias habrían sido catastróficas —suspiró el médico tras quitarse el cubrebocas, aún asustado.
—¡Maldito animal!
La rabia hervía en el pecho de Mauricio, perdiendo toda su compostura como líder de la familia, y dio un fuerte puñetazo contra la pared.
—¡Evita es su propia hermana! ¡Ese animal, ¿cómo pudo hacerle eso?!
A un lado, Víctor miraba a Evelyn inconsciente en la cama, con el ceño fruncido. Sentía que toda la situación tenía un aura muy extraña, pero ahora mismo había muy pocas pistas. Ante la furia de su tío, no se atrevía a lanzar suposiciones a la ligera.
—Víctor, ¿qué estás esperando? ¡Ve a buscar a ese desgraciado!
—Entendido. —Víctor asintió y salió apresuradamente.
Apenas se fue, Evelyn soltó un gemido de dolor desde la cama y comenzó a despertar lentamente.
—Papá...

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