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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 174

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—Abuelo.

Justo en ese momento, Luna apareció tomada del brazo de Víctor Centeno.

—Abuelo Máximo, me alegra mucho verlo tan bien. Le deseo mucha salud —saludó Luna con una cortesía perfecta.

Máximo apenas asintió levemente, sin mostrar mucho entusiasmo, lo que despertó las sospechas de Nicolás.

—Luna, tu abuelo Máximo me acaba de comentar que eres muy cercana al Doctor Azul.

La repentina pregunta de Nicolás hizo palidecer a Luna, y su corazón dio un vuelco.

¿Los dos ancianos habían estado hablando del doctor? ¿Acaso habían descubierto algo raro y estaban sospechando?

¡No!

Si su abuelo supiera que el doctor en realidad era aliado de Mila, no se lo habría preguntado de esa manera. Esto era solo una prueba.

—Abuelo, así es. Lo conozco muy bien —Luna reprimió su pánico y respondió con voz suave—. De hecho, cuando sucedió, mi hermana también estaba allí. Puedes preguntarle a ella.

Esa jugada de desviar la atención fue sumamente astuta.

Para los oídos de Nicolás, significaba que ella y el doctor eran amigos, y que Mila podía confirmarlo.

Y para Máximo, sonó como si Luna hubiera estado presente por casualidad y, por tanto, "conocía" al doctor. Además, al mencionar a Mila como su "hermana", intentaba no robarse todo el crédito y suavizar la actitud fría que Máximo tenía hacia ella, dando la imagen de una familia unida.

El ceño de Nicolás se relajó y soltó una carcajada.

—Máximo, parece que mi nieta guarda muy bien sus secretos.

—Dicen que ser amigo del Doctor Azul es como tener una vida extra. Yo también me beneficio de la suerte de mi nieta.

Máximo suspiró, con un tono de leve envidia.

—Vaya que sí. ¿Por qué no tendré yo una nieta con esas habilidades?

—Jaja. Cambiando de tema, creo que Víctor ya está en edad de casarse, ¿no? —Nicolás aprovechó la oportunidad para lanzar la carnada del matrimonio—. Creo que él y mi Luna hacen una pareja perfecta. ¿Qué tal si... nosotros dos les damos un empujoncito?

Máximo paseó la mirada entre Luna y Víctor antes de responder, arrastrando las palabras:

—Ay, amigo. He vivido confundido gran parte de mi vida, pero después de estar al borde de la muerte, por fin entendí algo.

—Los hijos y los nietos tienen su propio destino. Los jóvenes tienen sus propias ideas, y yo respeto sus decisiones.

El rostro de Nicolás se ensombreció. Con eso, Máximo estaba dejando claro que no quería interferir en los matrimonios de los jóvenes; era un rechazo disfrazado de cortesía.

Pero Máximo era un viejo lobo y rápidamente añadió:

—Por supuesto, si los muchachos se gustan por cuenta propia, este viejo no tendrá más que darles su bendición.

—¡Tienes razón! Ahora es el mundo de los jóvenes, nosotros debemos dejar de preocuparnos y dedicarnos a descansar —le siguió la corriente Nicolás, fingiendo una sonrisa.

—Abuelo, los invitados ya están casi completos —le susurró Víctor a Máximo en el momento preciso.

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