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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 195

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—Silvia, como asistente especial de la señorita Mila, te informo oficialmente: estás despedida —Yara la miró fijamente, su voz ya no temblaba—. Por favor, sal del departamento de marketing de inmediato y no interrumpas nuestro trabajo.

Silvia se puso pálida; la humillación y la furia se apoderaron de ella:

—¡Tú... ¿cómo te atreves?! ¡Solo eres una...!

¡Plaf!

El sonido nítido de una bofetada resonó en el aire, cortando en seco los insultos de Silvia.

Yara retiró la mano, sintiéndola entumecida. En su mente brilló el recuerdo del momento en que abofeteó a Luna Quiroz en el banquete de la familia Centeno. Si fue capaz de golpear a la segunda hija de la familia Quiroz, ¿cómo no iba a poder lidiar con una empleada común y corriente que abusaba de los débiles?

Si no se imponía, los celos y el resentimiento de todos los presentes terminarían por devorarla tarde o temprano.

Tenía que dejarle claro a todos: en ese puesto, nadie podía pisotearla, excepto ella misma.

—Lárgate ahora mismo, o llamaré a seguridad.

Sosteniéndose la mejilla enrojecida e inflamada, Silvia fulminó a Yara con la mirada una última vez, pero ya no se atrevió a replicar. Apretando los dientes, dio media vuelta y salió corriendo.

Yara soltó un largo suspiro, se giró hacia Mila y murmuró, avergonzada:

—Señorita Mila, lo siento mucho. Tuvo que presenciar ese espectáculo.

Mila asintió levemente, con un destello de aprobación en los ojos:

—Hiciste bien. Recuerda, si alguien se atreve a humillar a mi gente, me está insultando a mí.

—No se preocupe, señorita Mila. Le prometo que esto no volverá a ocurrir —Yara se irguió, hablando con absoluta seriedad.

—¿Sabes conducir?

—Sí.

—Prepárate, me acompañarás a un lugar.

—¡Enseguida! —Yara obedeció con respeto, sintiendo cómo se le quitaba un gran peso de encima. Qué bueno que reaccionó rápido, al menos no había decepcionado a la señorita Mila.

En cuanto Mila entró en la oficina, la zona de trabajo, que antes era un silencio incómodo, estalló en murmullos.

—¡Yara, qué bien estuviste! ¡Esa bofetada fue espectacular!

—Sí, Silvia solo estaba celosa de tu éxito y quería provocarte. Qué suerte tienes de que la señorita Mila sea tan protectora y le haya dado su merecido.

—Yara, esperamos poder seguir contando con tu apoyo a partir de ahora.

Al ver a sus compañeros elogiándola de un momento a otro, Yara respondió con sonrisas forzadas.

No se le olvidaba que, cuando Silvia la acorraló minutos antes, esas mismas personas fueron las que echaron leña al fuego.

...

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