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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 217

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—Don Nuno, gracias.

—¿Mhm? —Nuno salió de sus pensamientos y la miró, extrañado.

—Aunque a esos idiotas los habría podido despachar sola, que tú hayas intervenido me ahorró bastante esfuerzo —dijo Mila con sinceridad—. Es justo darte las gracias.

Nuno mantuvo la vista al frente, tamborileando los dedos sobre su rodilla.

—Ayudarte es ayudarme a mí mismo. Después de todo, ahora tú eres...

—Ahora soy la señora Páez, soy la imagen de Nuno. Si alguien me falta al respeto, es como si te lo hicieran a ti, ¿no? —Mila se adelantó a responder y rodó los ojos con pesadez—. Nuno, de verdad eres un tipo aburridísimo.

¿Aburridísimo?

Ese comentario se sintió como una espina; a Nuno le molestó de una forma inexplicable.

—Yo que estaba pensando que, si de verdad te preocupabas por mí, bien podría entregarte mi corazón por completo —Mila se acercó un poco más, con una media sonrisa.

—¿Estás segura? —La nuez de Nuno se movió.

Mila borró la sonrisa al instante y puso una expresión sumamente seria:

—Mentira. Jamás me rebajaría a entregarle mi corazón a alguien tan aburrido.

Nuno entrecerró sus rasgados ojos y soltó una carcajada fría:

—¿Ah, sí? ¿Estar conmigo es rebajarte?

—¡Pues claro! Uf, si tuvieras aunque sea una tercera parte del carisma de Julián, creo que nuestra relación como marido y mujer fluiría muchísimo mejor.

Esa simple broma de Mila hizo que Julián, quien iba en el otro auto a kilómetros de distancia, sintiera un escalofrío repentino.

—¡Achís! ¿Quién estará hablando mal de mí?

Yara lo miró de reojo y preguntó en voz baja:

—Joven Julián, ¿quiere que ponga la calefacción?

—¡¿Estás bromeando?! Este cuerpo es de acero, solo los débiles necesitan calefacción —Julián sacó pecho, intentando mostrar un físico que no tenía.

Yara apartó la mirada en silencio. Definitivamente, el playboy más famoso de Valle Plateado se la pasaba pavoneándose como un pavo real. Menos mal que a ella no le interesaban los hombres que se creían más hermosos que las mujeres.

...

Residencias Cielos de Estrellas.

Ambos regresaron a lo que llamaban "hogar".

Apenas se cerró la puerta, Mila bajó por completo las defensas. Tiró los tacones al piso sin ninguna elegancia, lanzó su bolso al sofá y se dejó caer de espaldas, hundiendo brazos y piernas en los suaves cojines como si fuera una estrella de mar.

Al verla así, Nuno no pudo evitar esbozar una sonrisa casi imperceptible.

Ahí, hundida en el sofá y sin esa coraza afilada que usaba allá afuera, Mila parecía una gatita exhausta después de un largo día de cacería. Tenía un aire de adorable fragilidad.

Acostumbrado a verla siempre en modo de ataque, destrozando a cualquiera que se cruzara en su camino, esta faceta tan relajada y vulnerable era una verdadera rareza.

—Don Nuno, ¿me invitas un vasito de agua? —Mila tenía los ojos cerrados, y su voz sonaba suave y ligeramente ronca por el cansancio.

Nuno frunció el ceño. Parecía irritado por recibir órdenes, pero su cuerpo lo traicionó y caminó hacia la cocina para servirle un vaso de agua tibia.

—Toma.

Mila se incorporó un poco, tomó el vaso y bebió varios tragos de golpe antes de soltar un suspiro de alivio.

—Ya reviví... Oye, Nuno, la verdad es que no eres tan aterrador como dicen.

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