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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 228

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En el video, Mila parecía una emperatriz dominando las notas; sus diez dedos volaban sobre el teclado blanco y negro, desatando una melodía que hacía vibrar el alma.

—Nuno, jamás imaginé que mi cuñada tuviera este talento bajo la manga, ¡¿y hasta conoce al maestro Nolan?! ¡Es una locura! —Julián estaba tan emocionado que casi escupía al hablar—. ¿Qué clase de investigación le hiciste antes? ¿Cómo es que con un historial tan rudo no descubriste nada?

Nuno no despegaba los ojos de la pantalla, un destello oscuro atravesó su mirada.

*Exacto, ¿por qué no logré encontrar nada de esto?*

La única explicación lógica era que una mano invisible había borrado todos sus rastros. Y para lograr hacer algo así frente a sus narices, tendría que ser uno de esos hackers legendarios que lideraban los rankings mundiales.

*Acaso... ¿Mila es uno de ellos?*

Al recordar cómo Mila había logrado encontrar pistas que ni siquiera él tenía en el radar, la mirada de Nuno se volvió aún más inescrutable.

—¿De dónde sacaste este video? —preguntó de pronto con frialdad.

—Ah, hoy mi mamá fue a tomar el té y, de paso, se llevó a mi inútil hermanito para buscarle prospectos de matrimonio... —respondió Julián a la ligera, pero a mitad de la frase se dio cuenta de su error. Al ver el rostro de Nuno tan negro como una tormenta, supo que había metido la pata.

Nuno entrecerró los ojos y soltó una risa gélida, bajando la temperatura del lugar varios grados:

—Acaba de firmar el acta de matrimonio conmigo, ¿y se va corriendo a una reunión de emparejamiento?

—Este... a lo mejor solo fue a socializar. Después de todo, ahora ya es parte del círculo de las señoras de alcurnia —Julián sudaba frío, intentando justificar la situación como podía.

Pero al mirar de nuevo el video y notar cómo los pocos hombres presentes en el lugar devoraban a Mila con miradas de asombro y deseo, se dio cuenta de su terrible error: *Ya valió. Este celoso empedernido con complejo de Verdugo va a explotar.*

—Vámonos. Al Club Social Longines —Nuno tiró los cubiertos sobre la mesa y se levantó sin mirar atrás.

—¡Nuno, cálmate! ¡Recuerda que vivimos en una sociedad civilizada!

...

Mientras tanto, en el Club Social Longines.

Mila apenas había regresado al área de descanso cuando Adriana la tomó de las manos con efusividad.

—¡Mila, nos diste una sorpresa maravillosa! No solo eres una genio en el piano, sino que conoces al mismísimo Nolan. Ese hombre tiene la fama de no mirar a nadie que no esté a su nivel.

Con los tremendos halagos que Nolan había lanzado por teléfono, si Mila aceptaba, convertirse en su discípula oficial estaba más que asegurado.

—Ay, cada minuto que pasa me convenzo más de que Blanca está ciega —comentó Yolanda Solís, agitando su copa de vino con tono mordaz—. Tener a su verdadera hija, un diamante en bruto, y preferir adorar a una copia barata... qué circo tan ridículo.

—No tienes idea, Mila. Antes de que llegaras, tu madrecita andaba moviendo cielo y tierra para conseguirle una audición a Luna con Nolan. Tsk, tsk... ahora eso suena a puro chiste.

Mila soltó una carcajada seca, sin añadir nada.

Con el carácter excéntrico que se cargaba Nolan, así Blanca le ofreciera toda la fortuna de los Quiroz, el maestro ni la voltearía a ver.

Esa fachada de "la dama perfecta de la alta sociedad" que los señores Quiroz habían construido a base de millones para Luna, ahora se desmoronaba como un castillo de naipes.

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