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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 277

En el asiento trasero del lujoso automóvil.

Nuno guardó su teléfono y su profunda mirada se perdió en el paisaje que pasaba rápidamente por la ventana. De no ser porque tenía un asunto muy importante que atender hoy, habría ido personalmente a asegurar la Estatua de Cristo.

—Don Nuno, disculpe que me entrometa, ¿por qué le interesa tanto esa Estatua de Cristo? ¿Es un regalo para don Pedro? —preguntó Sebastián desde el asiento delantero con curiosidad.

La expresión de Nuno permaneció serena, pero en su tono se notaba un rastro de desdén.

—Al abuelo le gustan las antigüedades, pero no de este tipo. Según él, tener una estatua en la casa es para morirse de un susto a medianoche.

Al escuchar eso, Sebastián no pudo evitar reírse. Don Pedro era un hombre muy particular.

—Entonces, ¿es para...?

—Una sorpresa para alguien más.

Nuno no dio nombres, pero en su mente apareció involuntariamente la figura de Mila, y una leve y sutil sonrisa se dibujó en sus labios.

De acuerdo a sus informes, Natalia Quiroz, la tía de Mila que había dejado a la familia hacía años, necesitaba desesperadamente la Estatua de Cristo para establecer conexiones en la Cámara de Comercio. Y su pequeña mujer estaba haciendo movimientos audaces en la empresa, por lo que necesitaba aliados. Si lograba que Natalia, una fuerza imponente, se pusiera del lado de Mila, tendrían muchas más probabilidades de aplastar a Esteban Quiroz.

Esa estatua sería su manera de entregarle un pequeño ejército.

—Sebastián, acelera —ordenó Nuno, impaciente.

—Enseguida, don Nuno.

Sebastián notó la urgencia de su jefe. Era evidente que Nuno no veía la hora de terminar sus asuntos y dirigirse personalmente a la subasta.

Por fin habían localizado en el extranjero al intermediario que operaba con Héctor Páez. Si lograban comprarlo... los días de Héctor estarían contados.

De regreso en el salón de subastas.

Mila tomó asiento dos filas detrás de Natalia, en un ángulo perfecto para observar cada uno de sus movimientos.

Era evidente que Natalia estaba decidida a llevarse la Estatua de Cristo. Los canales de venta de Reliquias del Sur estaban bloqueados y gran parte de su mercancía estaba atascada; si no abrían nuevas vías pronto, su flujo de efectivo se agotaría.

El presidente de la Cámara de Comercio de Valle Plateado era la clave para solucionar ese problema.

Por eso Natalia estaba tan enfocada en la Estatua de Cristo, con la intención de usarla para abrir las puertas que Fernán Montes controlaba.

—Damas y caballeros, sé que muchos de ustedes han venido exclusivamente por la Estatua de Cristo.

El subastador golpeó ligeramente el estrado con el martillo, y el claro sonido captó la atención de todos.

—Así que, sin más preámbulos, demos paso a la Estatua de Cristo.

Las luces se concentraron mientras una elegante modelo avanzaba con cuidado por el escenario, sosteniendo una bandeja.

Al retirar el paño oscuro, reveló un rostro tallado de exquisita artesanía. Bajo las luces, la estatua emanaba un aura inigualable.

—¡Qué belleza!

Al contemplar la estatua, en los ojos de Fernán Montes brilló la avaricia.

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