Una idea disparatada cruzó por la mente de Nuno.
Por muy descabellado que sonara, si conectaba los puntos entre la Mila de antes y la reina implacable que tenía enfrente, esa transformación dejaba de ser un misterio y cobraba perfecto sentido.
—Nuno, no te hagas el héroe si no puedes.
Esa fue la última advertencia de Mila antes de separarse.
Nuno se quedó paralizado un segundo, y luego le regaló una sonrisa llena de arrogancia. No dijo nada, solo le devolvió una mirada cargada de determinación.
De vuelta en el presente.
La mente de Héctor trabajaba a mil por hora intentando encontrar una salida.
Pero tras analizar todos los escenarios, la conclusión era clara: estaba acorralado.
Su única carta era amotinar a los accionistas para presionar a Mila.
—¡Exijo que se verifique la autenticidad de ese contrato! —rugió Héctor, cruzando miradas cómplices con sus aliados antes de señalarla—. El imperio de la familia Páez no es un juego de niños. Es imposible que Nuno le entregue la presidencia a una intrusa de la noche a la mañana.
—¡Ese documento es una maldita falsificación!
Mila alzó una ceja, dejando escapar una sonrisa llena de burla. Era obvio que Héctor jugaría esa carta.
—Mateo, dile a estos señores si mi contrato es falso o no.
Apenas terminó de hablar, la puerta de la sala de juntas se abrió y entró Mateo.
Héctor y los accionistas palidecieron al verlo.
Mateo era la sombra de Nuno Páez. Junto con Sebastián, era su mano derecha.
En todo Valle Plateado se sabía que, si Nuno no estaba presente, Mateo era su voz absoluta. Nadie podía cuestionarlo.
—Secretario Mateo, ¿qué lo trae por aquí? —titubeó Héctor, intentando disfrazar su pánico con una sonrisa diplomática.
Pero Mateo lo ignoró. Se acomodó los lentes y escrutó a todos los magnates en la mesa.
—Señores, estuve escuchando todo desde el pasillo. Ya que dudan de la veracidad del contrato, vengo a aclarar los hechos.
—Ese contrato fue firmado personalmente por el señor Nuno Páez, bajo mi estricta supervisión. Todo el proceso fue grabado en video y audio. Si no confían en mi palabra, confíen en sus propios ojos.
Sin esperar permiso, conectó un USB a la laptop central y proyectó la grabación en la enorme pantalla de la sala.
—Este video se grabó mucho antes del incidente de esta noche. Saquen sus propias conclusiones.
Cuando el rostro de Nuno apareció en la pantalla de alta definición, la sala entera contuvo la respiración. Incluso a través de un video, su aura intimidante seguía reinando.
—Yo, Nuno Páez, grabo este testimonio para confirmar que transfiero la totalidad de mis acciones a Mila Quiroz. Si algún día me ocurre algo, ella usará estas acciones para tomar el control absoluto de la familia Páez.
Al escuchar la grabación, Mila arqueó una ceja. Sintió que Nuno le había tendido una trampa magistral.
Sí, él se usó como carnada para atrapar al viejo zorro de Héctor, pero ¿era necesario llegar al extremo de casi morir de frío en un río?

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