Al poco tiempo, alguien tocó la puerta de la oficina presidencial.
Desde que Mila había vuelto y se había dirigido a la sala de reuniones, Ariel y Esteban habían estado esperando allí, consumidos por la ansiedad.
Al escuchar los golpes en la puerta, ordenaron entrar de inmediato.
—Presidente, director —Fabio entró con su clásica sonrisa aduladora—. Aquí tienen el contrato del 'Proyecto Ciudad Horizonte'.
—¡¿Por qué solo hay uno?! —Al ver el único documento, Ariel frunció el ceño y sintió un vuelco en el estómago—. ¿Acaso Mila rechazó asociarse con el Grupo Ignite?
—No, nada de eso —Fabio negó con la cabeza—. La gerente Quiroz dijo que, para entregarles el segundo contrato, la señorita Luna debe ir a buscarlo personalmente... y llevar 'lo acordado'.
Al escuchar eso, Esteban y Ariel cruzaron miradas, y sus rostros se ensombrecieron.
Entendieron de inmediato lo que Mila planeaba: estaba exigiendo el cinco por ciento de las acciones de la corporación que Luna tenía en su poder.
—¡Lárgate de aquí!
Ariel gritó furioso, echándolo de la oficina.
Cuando Fabio estaba por cruzar la puerta, Ariel lo detuvo con la voz.
—Fabio, no te creas que por volverte el perrito faldero de Mila ya puedes mirarme a los ojos. Esta corporación sigue siendo territorio de mi padre y mío.
Fabio se detuvo, se dio la vuelta y, sin perder la compostura, hizo una leve reverencia.
—Director Ariel, le agradezco el recordatorio. Sin embargo, su comentario es un poco inexacto; en esta corporación también tienen mucho peso los miembros de la junta directiva.
Dicho esto, se dio media vuelta y salió de la oficina con paso firme y elegante.
Solo cuando la puerta se cerró a sus espaldas, sintió cómo el corazón le golpeaba el pecho a mil por hora.
¡Qué adrenalina!
Antes, siempre bajaba la cabeza y se encogía de miedo frente a ese par.
Pero hace un segundo... ¡acababa de responderle a Ariel Quiroz! La sensación era... ¡gloriosa!

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