—¡Don Nuno, perdóneme por no salir a recibirlo! —Esteban corrió a saludarlo con una sonrisa patética en el rostro.
El corazón de Luna dio un vuelco al verlo. Su presencia era imponente y era increíblemente atractivo.
Hombros anchos, cintura estrecha, un traje hecho a la medida, y lo más importante: esa aura de rey indiscutible. En todo Valle Plateado, no había nadie como él.
Sin poder contenerse, Luna le tomó una foto a escondidas y la mandó al grupo de WhatsApp de sus amigas.
Todas sus amigas, chicas de la alta sociedad, estallaron en gritos virtuales al ver a Nuno.
*¡Luna! ¿Ese es Don Nuno? ¿Qué hace en tu casa?*
Luna, sintiéndose la dueña del mundo, respondió rápidamente:
*Vino a pedir mi mano.*
*¡Qué locura! Con lo mucho que él odia a las mujeres... y fue a pedir tu mano. ¡Eso significa que se moría por casarse contigo!*
*¡Obvio! Luna es la única heredera de los Quiroz, ¿con quién más iba a ser?*
Leer tanta adulación infló el ego de Luna hasta las nubes. Estaba eufórica.
—Señor y señora Quiroz, lamento haber venido sin previo aviso, espero que me disculpen —dijo Nuno de manera formal.
—¡Por favor, Don Nuno, qué cosas dice! El que esté aquí es un gran honor para nuestra familia —dijo Esteban con devoción, y de inmediato le guiñó un ojo a Luna.
Los ojos de la joven brillaron y se adelantó rápidamente para intentar estar más cerca de Nuno.
Pero Nuno frunció el ceño y dio un paso atrás. Justo cuando iba a abrir la boca, la voz de Mila se adelantó.
—Papá, mamá, ¿de verdad piensan atender a Don Nuno aquí parados en la entrada?
Esteban y Blanca se tensaron al máximo. ¡Esta malagradecida se atrevía a interrumpir y llamarlos papá y mamá frente a él!
¿Acaso quería que Don Nuno supiera que ella también era hija de la familia Quiroz?
—¿Y ella quién es?
Nuno miró a Mila, notó que ella le hizo un pequeño gesto con los ojos y entendió que era el momento de seguirle la corriente a su teatrito.

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