—¡Mila Quiroz! ¡¿Estás loca?! —Ariel fue el primero en reaccionar, su voz distorsionada por el asombro y la rabia—. ¡Somos una familia, compartimos la misma sangre! ¡¿Cómo te atreves a proponer cortar lazos?! Si esto se sabe, ¡¿qué va a pensar de nosotros toda la alta sociedad?! ¡¿Acaso no te importa la reputación de la familia Quiroz?!
—¿Reputación? —Mila soltó una carcajada cargada de un desprecio absoluto—. Lo que le pase a la familia Quiroz no es mi problema. Que el mundo piense lo que quiera, me tiene sin cuidado.
Se puso de pie, mirando a Blanca Quiroz desde arriba. Cada palabra que pronunció fue como un clavo de hielo enterrándose en su pecho:
—Señora Quiroz, usted misma lo dijo: vino a suplicar por su hija en su papel de "madre".
Hizo una pausa, con los ojos más fríos que la escarcha.
—Entonces, a partir de hoy, yo, la hija que nunca reconoció, rompo toda relación con la "madre" que jamás cumplió con su deber. ¡Firmemos el Acta de Desvinculación y no volvamos a cruzarnos en la vida!
—¡¿Acaso no es lo más justo y lógico para todos?!
Blanca sintió que el mundo le daba vueltas.
¿Cortar lazos?
¿Esa misma Mila que antes mendigaba una migaja de cariño ahora estaba exigiendo renunciar a la familia?
Sin embargo, al ver esos ojos sin una pizca de calidez, Blanca supo que no era una simple amenaza, sino una decisión definitiva.
O Luna iba a la cárcel, o... firmaba el papel.
—¡Mamá, no lo hagas! —Luna se aferró a las manos de Blanca, hecha un mar de lágrimas—. ¡No puedes firmar! Ella es tu verdadera hija, yo solo soy una impostora... Si yo me voy de la casa, seguro ella dejará de odiarnos y no volverá a lastimarlos...
Cada una de esas palabras dio justo en el punto más débil de Blanca.
—Luna, mi niña tan buena... —Blanca le acarició el cabello, y cualquier duda que tuviera se desvaneció, reemplazada por una firme determinación. Respiró hondo, le sostuvo la mirada a Mila y, con un ligero temblor en la voz, dijo—: De acuerdo... acepto la desvinculación.
Mila esbozó una sonrisa filosa. Chasqueó los dedos y Antonio apareció de inmediato, entregando un documento que ya estaba preparado.
¡El Acta de Desvinculación!
Las pupilas de Blanca se encogieron al ver el título impreso. Le dolía la vista.
¡Todo había sido premeditado! ¡Desde el principio, este era su verdadero objetivo!
—¡Firma! —Mila arrojó el documento sobre la mesa de centro con un golpe seco—. Fírmalo y a partir de hoy, tú y yo seremos unas completas extrañas.
Se volvió hacia los oficiales con un tono que no admitía réplicas.
—Les pido a los oficiales que sirvan como testigos para que este documento tenga la validez legal que corresponde.
—De acuerdo —respondieron los policías tras cruzar una mirada. La retorcida preferencia de esta familia por la hija adoptiva ya les había causado repulsión. Cortar lazos con una madre así era lo mejor.

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