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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 88

¡Toc, toc!

Unos golpes secos en la puerta interrumpieron los planes de Blanca y su familia.

—¿Quién es? —preguntó Blanca frunciendo el ceño, con un tono cargado de impaciencia y fastidio.

—Señora, la señorita Mila me pidió que le recordara... —la voz de Antonio sonó monótona desde el otro lado—. Aprovechando que las oficinas de registro aún no cierran, por favor termine los trámites de traspaso lo antes posible.

Blanca apretó los puños, clavándose las uñas en las palmas, con los ojos llenos de resentimiento.

¡Ese Antonio antes era tan obediente con ella, pero ahora su lealtad se había inclinado por completo hacia esa maldita mocosa de Mila!

Pero no importaba. En cuanto lograran echar a Mila a la calle, se encargaría de que todos esos empleados traidores se arrepintieran de haber elegido el bando equivocado.

—Mamá, lo siento mucho... —Luna abrazó suavemente a Blanca, con los ojos enrojecidos y una voz tan dulce que partía el alma—. Es mi culpa por ser una inútil y no haber podido proteger la casa que me regalaron.

Al ver a su hija adoptiva tan afligida, el corazón de Blanca se ablandó y forzó una sonrisa maternal.

—Luna, mi niña, no es culpa tuya. Cuando logres ganarte el favor de la familia Centeno, te compraré una mansión mil veces mejor y más lujosa que esta.

—Gracias, mamá. Eres la mejor del mundo —Luna levantó la vista y le dedicó una sonrisa angelical.

Ariel observaba la escena. Todo parecía igual que siempre: Luna culpándose y su familia consolándola; pero, por alguna razón, una extraña sensación de falsedad cruzó por su mente.

*¿Acaso está... actuando?*

Apenas pensó eso, sacudió la cabeza con fuerza.

¡Imposible! Luna siempre había sido la niña más dulce y considerada, incapaz de matar a una mosca. ¿Cómo iba a fingir algo así?

Seguro la rabia que le provocó Mila lo estaba haciendo delirar y tener pensamientos absurdos sobre su pobre hermanita.

—Luna, ve a tu cuarto a descansar. Yo voy a empezar a buscar al "Doctor Azul" —dijo Ariel, reprimiendo esa extraña sensación y hablándole con ternura.

—Ariel, ¡muchas gracias por todo el esfuerzo! —Luna le tomó la mano y lo miró con total admiración—. Eres el mejor hermano del mundo.

Al escuchar ese dulce "hermano", la oscuridad en el corazón de Ariel desapareció, siendo reemplazada por un cálido rayo de sol.

Tenía razón. Su Luna era la mejor hermana que alguien pudiera pedir. ¿Cómo iba a compararla con una exconvicta como Mila?

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