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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 1161

Héctor soltó una risa.

—Si no quieres tocar ahora, después no te dejaré aunque me lo pidas.

La voz de Julieta salió de debajo de las cobijas.

—¿Quién dijo que quiero tocarte?

Héctor se acercó y la abrazó por encima de las cobijas.

—¿De verdad no quieres?

Julieta trató de patearlo, pero Héctor le inmovilizó las piernas.

—No te muevas así. Ten cuidado con el bebé.

Ella se detuvo.

—Entonces suéltame.

—¿Y no quieres tocar?

Julieta volvió la cabeza y lo fulminó con la mirada.

—¿Eres un pervertido?

La cálida luz que caía desde arriba bañaba a Héctor y suavizaba sus facciones con un tenue resplandor dorado.

Parecía que en el mundo solo quedaban aquella luz y el fresco aroma que desprendía su cuerpo.

Él esbozó una sonrisa y respondió con voz grave y magnética:

—Un poco.

Julieta lo contempló.

Sus miradas se encontraron y todo quedó en silencio de pronto.

La mirada de Héctor descendió hasta los labios rosados y entreabiertos de Julieta.

Ella lo vio inclinarse lentamente, sin tener forma de esquivarlo.

En ese momento, la puerta se abrió de pronto.

Héctor estaba a punto de besarla, pero se detuvo en seco.

Cuando volvió la cabeza, vio a Sofía asomándose por la puerta.

—Papá, mamá.

Julieta recuperó la compostura de inmediato y lo apartó.

Héctor también se acomodó la pijama.

Sofía subió a la cama.

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