Capítulo 374 Leonardo sonrió.
—No, para nada.
Apartó la mirada y caminó hacia Julieta.
Rodeó el escritorio hasta quedar frente a ella.
Al ver la alerta en sus ojos, soltó una risa baja.
—No tienes que ponerte así. Aunque me hayas hecho daño... no te guardo rencor.
Dejó el ramo de rosas sobre el escritorio. Apoyó una mano en el borde y se inclinó hacia ella.
Ese olor... ese aire que le provocaba rechazo desde lo más profundo volvió a envolverla.
En los ojos de Leonardo brillaba una oscuridad inquietante.
—Es que me gustas demasiado —susurró, con voz baja y ronca.
Al siguiente instante, Julieta tomó un libro del escritorio y se lo estampó en la cara sin dudar.
Se levantó de golpe y retrocedió, marcando distancia.
—¡No te acerques!
Leonardo se enderezó lentamente.
Pasó la lengua por el interior de la mejilla y se tocó el rostro, donde el filo de las páginas le había hecho un corte.
Al ver la sangre en sus dedos, no se enfureció... al contrario, sonrió.
En sus ojos apareció un brillo perturbador.
De pronto, dio un paso adelante.
Julieta retrocedió.
Pero fue demasiado tarde.
Una mano le sujetó la muñeca con fuerza. Leonardo tiró de ella y la atrajo contra su pecho.
—¡Suéltame!
La mano de él subió hasta su nuca, sujetándola con firmeza.
Justo cuando inclinaba la cabeza para acercarse más, se escuchó el golpe seco de un libro al cerrarse.
El sonido, claro y contundente, cortó el momento.
Leonardo se detuvo.
Volteó hacia Héctor, que estaba recargado en el sofá.
Aprovechando ese instante, Julieta lo empujó con todas sus fuerzas, se zafó y salió rápidamente de la oficina para pedir que llamaran a seguridad.
Leonardo se quedó mirando hacia la puerta.
Entonces, la voz de Héctor sonó con calma:
—Perdón... interrumpí tu momento.
Luego volvió a abrir el libro, como si nada hubiera pasado.
Leonardo apartó la mirada y se dirigió hacia él.

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