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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 829

Jairo se negaba a ponerse de su lado.

Héctor tampoco la quería.

Y todo era culpa de Julieta.

¿No estaba enferma? Pues que se muriera de una vez.

—¡Julieta, maldita perra, muérete!

Adriana destrozaba todo lo que encontraba a su paso en la habitación.

Guadalupe se sobresaltó al entrar y de inmediato les gritó a las empleadas:

—¿Qué están esperando? ¡Deténganla!

Las empleadas se apresuraron a sujetar a Adriana para impedir que siguiera rompiendo cosas.

—¡Suéltenme! —gritó ella.

Guadalupe se acercó rápidamente y le arrebató el frasco de vidrio que sostenía.

—Cálmate.

Al verla tan alterada y fuera de sí, sintió que se le partía el corazón.

Le sostuvo el rostro entre las manos.

—Todo va a estar bien.

Adriana rompió a llorar de repente y preguntó, completamente alterada:

—¿Por qué Jairo me hace esto?

Guadalupe la abrazó con fuerza y le dio suaves palmadas en la espalda para tranquilizarla.

***

En una de las habitaciones de Cumbres del Valle, Héctor estaba de pie junto a Julieta, sin dejar de mirarla.

Julieta seguía sentada en silencio, sin decir una sola palabra.

Su frágil figura parecía haber perdido toda vitalidad.

Los dedos de Héctor se tensaron ligeramente.

Quería decirle algo, pero, por primera vez, se sintió completamente perdido, sin saber cómo empezar.

El tiempo pareció detenerse en aquel instante.

El viento que entraba por la ventana agitó las ligeras cortinas.

Una hoja fue arrastrada hasta el interior y cayó al piso sin hacer ruido.

Solo el reloj de la pared continuaba avanzando.

De pronto, Julieta se puso de pie.

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