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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 828

Después de que Julieta se marchó, Héctor dejó los cubiertos, se levantó y salió del comedor.

Rafael le preguntó:

—¿Qué le dijiste a Julieta?

Héctor se detuvo.

—Primero llevaré a Julieta y a Sofía de regreso.

Tras decir eso, se alejó.

En la sala, Sofía se disponía a subir a buscar a Julieta.

Al ver salir a Héctor, le dijo:

—Mamá dijo que estaba muy cansada y que quería descansar, pero siento que no se encuentra bien.

—Entonces regresaremos a casa. Espérame aquí. Voy por tu mamá.

Sofía asintió.

—Sí.

Héctor subió hasta la habitación de Julieta y llamó a la puerta.

—Julieta.

No recibió respuesta.

Giró la manija y descubrió que la puerta tenía puesto el seguro por dentro.

Frunció el ceño y le pidió la llave a una de las empleadas.

Cuando abrió la puerta y entró, Julieta estaba sentada en silencio al borde de la cama, de espaldas a la entrada.

Tenía un brazo caído sin fuerzas a un costado del cuerpo y sostenía el celular con la otra mano.

La voz aguda y maliciosa de Adriana se escuchaba con claridad a través del celular:

—Tu mamá no te quiere y tu hermano tampoco. Antes eras tan fea que ni siquiera se dignaban a mirarte. No creas que solo porque ahora eres bonita Héctor ya te quiere. ¿Acaso olvidaste cuánto te despreciaba antes?

—Nadie en este mundo va a quererte. Estás de más. Ni siquiera deberías existir. Si yo fuera tú, hasta me daría vergüenza seguir viviendo.

Julieta permanecía inexpresiva, tan inmóvil que parecía haber dejado de respirar.

Al otro lado de la línea, Adriana seguía provocándola de manera histérica.

El rostro de Héctor se enfrió al instante.

Quería que todos envidiaran su felicidad.

También quería que Héctor se arrepintiera de no haberla elegido y de haber regresado con Julieta, la mujer a la que alguna vez había despreciado.

Había esperado aquel día con enorme ilusión, pero al final terminó convertida en el hazmerreír de todos.

Leonardo debía pasar personalmente por ella para llevarla a la hacienda, pero al final solo envió al chofer.

Cuando llegó al lugar de la fiesta, los invitados comenzaron a presentarse uno tras otro, pero Leonardo nunca apareció, dejándola sola bajo las miradas inquisitivas de todos.

La celebración no podía comenzar porque el prometido seguía sin llegar.

Los rumores no tardaron en extenderse.

Muchos invitados solo habían asistido por consideración a Leonardo.

Al ver que no aparecía, comenzaron a retirarse uno tras otro.

Poco antes, Adriana había escuchado por casualidad una llamada de Hugo y se enteró de que la empresa había sufrido un contratiempo inesperado.

La desaparición de Leonardo también estaba relacionada con Jairo.

La gran fiesta de compromiso, que debía girar por completo en torno a ella, había terminado convertida en una burla.

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