Fabián se apresuró a aclarar:
—Señora Leticia, hubo una confusión. Ella es la esposa de Héctor.
Leticia lo entendió de inmediato y se disculpó:
—Perdón, entonces usted es la esposa de Héctor. ¿Y por qué no vino él?
Julieta respondió:
—Le surgió un asunto de trabajo de último momento. Tal vez llegue un poco más tarde.
—Ya veo.
Leticia volvió a observar a Julieta varias veces.
Desde que Héctor había hecho público que estaba casado, la noticia había causado un gran revuelo entre la alta sociedad.
Todos querían saber de dónde había salido su esposa.
Se decía que provenía de una familia común y corriente, muy por debajo de la familia Gómez, aunque también corría el rumor de que era una mujer muy capaz.
Ahora que Leticia la veía en persona, con aquel porte y aquella figura, no le sorprendía que Héctor se hubiera fijado en ella.
Leticia se mostró muy amable con Julieta y conversó un rato con ella.
Más tarde, Daniela y Julieta se sentaron a un lado para platicar.
Fabián y Sergio fueron a saludar a dos invitados que acababan de llegar.
Después, Fabián le dijo:
—Ven un momento.
Los dos se sentaron en un rincón relativamente tranquilo.
—¿Héctor te pidió que la trajeras?
Sergio asintió. Tomó su copa y bebió un trago de vino tinto.
Al verlo de mal humor, Fabián dijo:
—Tú sabes muy bien por qué te pidió que la trajeras. No seas tan terco.
Héctor lo había hecho para dejarles claro a todos que Julieta era la esposa de su primo.
Fabián continuó:
—Aunque ellos no lleguen hasta el final, tú y ella tampoco podrían estar juntos.
—Ya lo sé. No hace falta que me lo estén recordando —respondió Sergio.
Al verlo así, Fabián frunció el ceño.
Soltó un suspiro y dijo:
—Más te vale entenderlo de verdad.

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