Después de dar las indicaciones, Adrián se dio la vuelta y se marchó.
Jairo lo siguió para hablar con él a solas.
—En el estado actual de la paciente, ¿no sería mejor evitar que permaneciera cerca de alguien relacionado con los recuerdos en los que fue lastimada?
Al escuchar la pregunta, Adrián comenzó a sospechar algo.
Por la reacción que Julieta tenía hacia Héctor durante sus crisis, era evidente que él le había causado algún daño psicológico en el pasado.
Ahora Héctor estaba haciendo todo lo posible para que recibiera tratamiento y, en circunstancias normales, su presencia no representaría ningún problema.
Sin embargo, durante las crisis, cuando Julieta perdía el control de sus emociones, los malos recuerdos del pasado se intensificaban y se repetían una y otra vez en su mente.
—Así es. Sobre todo cuando el trastorno se activa, los recuerdos relacionados con el daño que sufrió se repiten constantemente. Eso podría afectar la recuperación de la señora Julieta.
La mirada de Jairo se ensombreció todavía más.
—Es decir, lo mejor sería que estuviera en un ambiente y rodeada de personas que le permitieran relajarse por completo.
Adrián asintió.
—En los trastornos mentales y emocionales, un entorno tranquilo es muy importante.
—Gracias. Ya entendí.
Adrián asintió y se marchó.
Jairo volvió al interior y vio a Héctor de pie junto a la puerta.
—Tenemos que hablar.
Los dos se sentaron frente a frente en la sala.
Jairo habló primero:
—Supongo que escuchaste lo que acaba de decir el doctor Adrián.
Héctor permaneció en silencio.
—Aunque le consigas al equipo más profesional, mientras tú sigas a su lado, cada vez que sufra una crisis recordará el pasado. En el fondo, para ella tú y Leonardo no son tan distintos. Si de verdad quieres que se recupere pronto, mándala de regreso. La persona que necesita a su lado en este momento no eres tú.
Héctor siguió sin responder.
La actitud de Jairo era especialmente firme.
—Pase lo que pase, voy a sacar a Julieta de aquí.
Jairo llamó a Carlos.
—Haz que Rafael venga a San Aurelio.

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