Sergio guardó silencio.
Después de un largo rato, respondió con voz apagada:
—Entiendo.
Al escuchar su tono, Fabián se preocupó todavía más.
Ya no podía permitir que siguiera así.
—¿Cuánto tiempo vas a quedarte en Monte Celeste?
—Regresaré mañana a Monteluz.
—Hablaremos cuando vuelvas.
Después de colgar, Sergio permaneció sentado en el sofá, con el rostro especialmente pálido.
***
A la mañana siguiente, Julieta notó que no tenía buen semblante y le preguntó:
—¿No dormiste bien anoche?
Sergio esbozó una leve sonrisa y explicó:
—No estoy acostumbrado a dormir en este hotel.
Aunque era el mejor hotel de Monte Celeste, seguía sin estar a la altura de los hoteles de lujo de Monteluz.
—Hoy regresaremos. Trata de descansar temprano esta noche —dijo Julieta.
Sergio asintió.
—¿Y tú cómo te sentiste anoche?
—Bastante bien. No desperté durante la madrugada.
—Parece que ese médico sí es muy bueno.
***
Tomaron un taxi para ir a la clínica.
El médico comenzó a aplicarle la acupuntura a Julieta.
Mientras esperaban, miró a Sergio y le dijo:
—Joven, déjame revisarte también.
Sergio se quedó desconcertado y rechazó la propuesta con cortesía:
—Gracias, doctor, pero estoy bien. No tengo ningún problema de salud.
Jimena intervino:
—Ya que estás aquí, deja que el médico te revise. No pierdes nada.
Sergio no tuvo más remedio que aceptar.
—Entonces, se lo agradezco.
El médico se limitó a observarle la lengua y después dijo:


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