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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 789

Sergio explicó:

—En realidad, el problema ya está casi resuelto. Solo que antes surgieron algunas complicaciones con un proyecto y todavía no termino de recuperarme del desgaste. Cuando regrese, tendré que descansar bien.

Lo dijo con ligereza.

Julieta lo miró con cierta desconfianza.

Jimena intervino:

—Sergio sabe lo que hace. No te preocupes por él.

Julieta asintió y miró a Sergio.

—Cuando termines de resolverlo todo, tómate unos días para descansar.

—Lo haré —respondió Sergio.

Cuando regresaron a Monteluz, ya era la una de la tarde.

Julieta volvió a casa y durmió una siesta.

Al despertar, vio una llamada perdida de Héctor y se comunicó con él.

Héctor contestó enseguida.

—Acabo de despertar. No escuché tu llamada —dijo ella con la voz todavía adormilada.

—No era nada importante. Ven a mi oficina. Mandaré al chofer por ti.

Julieta se quedó desconcertada por un instante, pero no hizo más preguntas.

—De acuerdo.

Ella también quería ver a Sofía.

Después de colgar, miró la hora. Eran las cuatro.

Se quitó las cobijas de encima, se arregló y fue al vestidor.

Eligió un vestido largo azul que antes le quedaba a la medida, pero que ahora se veía notablemente más holgado.

Tendría que comer más. No quería seguir adelgazando.

Se recogió el cabello y, una vez lista, bajó.

Jimena salía con un plato de bocaditos. Al verla, dijo:

—Ya despertaste. Ven a comer algo.

Julieta tomó uno y se lo llevó a la boca. Estaba delicioso.

Luego le explicó a Jimena que iría a ver a Héctor porque quería pasar un rato con Sofía.

Jimena no tenía motivos para impedírselo.

Le entregó las medicinas que debía tomar durante los siguientes dos días.

—Acuérdate de tomarlas a la hora indicada. No vayas a tirarlas a escondidas en cuanto nadie te esté vigilando.

Julieta sonrió.

—¿Quieres comer algo?

La mirada de Héctor cayó sobre las bolsas que llevaba.

—¿Qué traes ahí?

Julieta sacó un pastel de chocolate con arándanos y lo colocó frente a él.

Aunque la presentación no era tan refinada como la de una pastelería, seguramente sabía delicioso.

Héctor bajó la mirada hacia el pastel y después volvió a verla.

—¿Lo hiciste tú?

—Pase lo que pase, quería agradecerte.

Héctor contempló fijamente su rostro, como si intentara descubrir sus pensamientos a través de sus ojos.

Julieta sostuvo su mirada sin esquivarla.

Él bajó lentamente la vista hacia el pastel y soltó una breve risa.

—¿Piensas agradecerme con un pastel?

Julieta apretó los labios y guardó silencio.

Héctor volvió a preguntar:

—¿Hay otro en la bolsa?

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