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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 804

Julieta entró y se cambió los zapatos por unas pantuflas.

Al llegar a la sala principal, vio juguetes y muñecas de niña por todas partes, completamente fuera de lugar entre la decoración solemne de la residencia.

La empleada no hizo el menor ademán de invitarla a sentarse.

—La señora Celeste está descansando. Tendrá que esperar aquí.

Julieta caminó directamente hacia el sofá y tomó asiento.

—No hay problema. Puedo esperar.

La expresión de la empleada cambió de inmediato.

—¿Es que no tiene educación? ¿Quién le dio permiso de sentarse?

Julieta levantó la mirada hacia ella.

—Entonces ve a decirle a Celeste que me senté en su sofá.

—Tú...

La empleada le hizo una señal con los ojos a otra compañera.

Esta comprendió y ambas se acercaron con intención de levantar a Julieta por la fuerza.

Julieta tomó una taza de la mesa y la arrojó al suelo.

El estruendo de la porcelana al romperse resonó por toda la sala.

Las empleadas se sobresaltaron.

Aquella taza valía una fortuna.

—Atrévanse a tocarme.

Las dos se quedaron inmóviles.

Mientras no sabían qué hacer, vieron a Celeste acercarse con el rostro sombrío.

Las empleadas bajaron la cabeza de inmediato.

—Señora Celeste.

Celeste miró primero los pedazos de porcelana en el suelo y después a Julieta, que seguía sentada en el sofá.

No intentó ocultar el desprecio de sus ojos.

—Julieta, ¿de verdad crees que puedes hacer lo que se te dé la gana?

Julieta sostuvo su mirada y curvó los labios con ironía.

—Si tanto te molesta verme, ¿para qué aceptaste recibirme? Te gusta hacerte pasar corajes tú sola.

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