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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 842

Al ver a Julieta, Jesús preguntó sorprendido:

—¿Qué haces hoy en la empresa? ¿Ya te sientes mejor?

En el poco tiempo que había pasado desde la última vez que la vio, había adelgazado notablemente.

Ya no mostraba la seguridad y eficiencia que la caracterizaban; parecía haber pasado por una enfermedad grave.

Julieta sonrió levemente.

—Estoy bien. Pregúntale a Salvador si Carlos vino hoy a la empresa.

—Vi a Carlos esta mañana. Seguramente está en su oficina.

—Entonces dile a Salvador que necesito hablar con él y pídele que me avise cuando esté disponible.

—Claro.

Julieta regresó primero a su oficina.

Aunque había permanecido vacía durante su ausencia, la limpiaban todos los días, por lo que seguía impecable y ordenada.

Jesús volvió poco después para informarle:

—Carlos está ocupado con un asunto. Dice que subas en diez minutos.

—De acuerdo.

Julieta le preguntó por el trabajo de las últimas semanas.

Jesús se había encargado de dar seguimiento a todos los asuntos que ella había dejado pendientes antes de ausentarse, por lo que había estado muy ocupado.

—Gracias por todo tu esfuerzo. Cuando termines los proyectos que tienes entre manos, solicitaré que te den un mes de vacaciones.

—Muchas gracias. Solo estoy cumpliendo con mi trabajo.

Para Jesús, el salario y las prestaciones eran lo bastante buenos como para que todo aquel esfuerzo valiera la pena.

Sin poder contener la curiosidad, preguntó:

—¿Viniste hoy porque piensas reincorporarte oficialmente al trabajo?

—Todavía tengo que hablarlo con Carlos.

—Entiendo.

—Puedes volver a tus pendientes.

Jesús asintió y salió de la oficina.

Un rato después, Julieta recibió una llamada de Carlos.

—Ven a mi oficina.

—Voy para allá.

—Gracias.

Carlos se limitó a observarla y no añadió nada más.

Después de recuperar la calma, Julieta tomó el vaso, bebió un poco de agua y respiró profundamente.

—Precisamente porque sé que no estoy sola, nunca he sentido que no pueda seguir adelante. También sé que, con el tiempo, todo mejorará. Pero la persona a quien más debo agradecer es a ti.

—Ya te dije que no tienes que agradecerme todo el tiempo.

Julieta levantó la mirada hacia él y luego asintió, sin continuar con el tema.

Poco a poco logró serenarse por completo.

Carlos volvió a preguntar:

—¿Para qué viniste a buscarme hoy?

—Quiero regresar a trabajar. Me gustaría retomar el plan que teníamos e irme a Sombrales.

Carlos la observó fijamente.

—¿Estás segura?

Julieta asintió y respondió con seriedad:

—Sí. No puedo seguir sin hacer nada indefinidamente.

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