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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 841

Julieta fue despejándose poco a poco y se dio cuenta de que no estaban en Cumbres del Valle.

No hizo ninguna pregunta.

Se incorporó y dejó que Héctor la ayudara a bajar del carro.

—Mamá —la llamó Sofía.

Julieta le tomó la mano y caminó con ella hacia el elevador, mientras Héctor las seguía.

Héctor ya había ordenado que llenaran la tina con agua caliente.

—Ve a darte un baño caliente —le dijo a Julieta.

Ella regresó a la habitación.

Cuando terminó de bañarse y apenas comenzaba a secarse el cabello, la puerta del baño se abrió desde afuera.

Julieta no le prestó atención y continuó usando la secadora.

Héctor se acercó por detrás, se la quitó de la mano y ajustó la temperatura.

—Déjame ayudarte.

Julieta bajó la mano y permitió que le secara el cabello.

Como lo tenía abundante, tardaría un poco en secarse por completo.

Héctor lo hacía con cuidado mientras sostenía un cepillo en la otra mano.

Sus movimientos eran muy hábiles.

Siempre que tenía tiempo, se encargaba de secarle el cabello a Sofía después de bañarse, así que, con los años, había adquirido bastante práctica.

El baño quedó sumido en silencio. Solo se escuchaba el ruido de la secadora.

Más de diez minutos después, Héctor la apagó.

—Listo.

Julieta se acomodó el cabello con una mano y se puso de pie.

—Gracias.

Héctor sonrió ligeramente.

—Es lo que me corresponde. No tienes que agradecerme.

Julieta lo miró y salió del baño.

Héctor fue detrás de ella.

Justo entonces, una empleada llegó con una taza de té de jengibre y dijo respetuosamente:

—Señor Héctor, señora Julieta, el té de jengibre ya está listo.

Héctor se acercó y recibió la taza.

La empleada inclinó ligeramente la cabeza y salió de la habitación.

Después de comprobar que la temperatura era adecuada, Héctor se la entregó a Julieta.

Finalmente, Jairo preguntó:

—¿Qué piensas hacer realmente con Julieta?

—No tengo ningún plan. Dependerá de lo que ella decida.

Jairo no dijo nada más y terminó la llamada.

Héctor bajó el celular y permaneció solo en el balcón.

Alzó la mirada hacia el inmenso cielo nocturno, en el que no se veía una sola estrella.

Durante los dos días siguientes, Julieta se quedó en Costa Dorada.

Jimena se mantuvo en contacto con ella y, al saber que se encontraba bien, pudo tranquilizarse por el momento.

Héctor había estado muy ocupado últimamente.

Salía temprano y regresaba tarde todos los días, por lo que casi no tenía oportunidad de ver a Julieta ni de hablar con ella.

En cuanto a lo que ocurría afuera, Julieta no preguntó nada por iniciativa propia.

Ese día, después de llevar a Sofía al kínder, fue a Grupo Altamira.

Hacía bastante tiempo que no aparecía en la empresa.

Tiempo atrás había pedido una licencia médica de forma repentina, y muchos habían supuesto que no había soportado la presión interna de la compañía y que probablemente renunciaría.

Por eso, al verla de nuevo en la oficina, todos se mostraron sorprendidos, aunque la saludaron con la misma cortesía de siempre.

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