Julieta asintió.
—Vamos.
Sofía sonrió feliz.
Después de despedirse de Irene y Camila, Julieta tomó a Sofía de la mano y ambas subieron al carro.
El vehículo avanzó lentamente hacia Grupo Central.
Cuando llegaron a la empresa, todos sabían ya que Julieta era la esposa de Héctor.
Las recepcionistas las atendieron con especial respeto.
Gracias al sistema de reconocimiento facial, Sofía podía tomar directamente el elevador privado.
—¡Papá!
Héctor estaba trabajando.
Sofía no le había avisado que llegaría acompañada de Julieta.
Al levantar la mirada y verla, la expresión fría de Héctor se suavizó de inmediato.
Cuando distinguió a Julieta detrás de ella, dejó la pluma sobre el escritorio.
Sofía rodeó el escritorio y corrió hacia él.
Héctor la cargó y la sentó sobre sus piernas.
Después le limpió con la mano una mancha de crema en la comisura de los labios y le dijo con cariño:
—Traes toda la cara embarrada.
Sofía sonrió mostrando los dientes.
—Mamá también te compró pastel.
Héctor volvió la mirada hacia Julieta.
Ella le acercó la bolsa que llevaba en la mano y él la recibió.
—¿De qué sabor es?
—De arándano.
—¿Tú también comiste?
—Casi no comí.
Héctor bajó a Sofía, sacó el pastel de la bolsa y desenvolvió una cucharita.
Apenas tomó una porción, se dio cuenta de que Sofía lo miraba con los ojos llenos de antojo.
Sonrió.
—¿Todavía quieres?
—Ya no.
Héctor tampoco pensaba darle más.
Se llevó la cucharada a la boca.
Al verlo comer, Sofía levantó la cabeza y preguntó:
—¿Está rico?

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