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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 859

Cuando Héctor quería escribirle a Julieta, lo hacía directamente en el chat grupal.

Si ella no respondía, Sofía se encargaba de recordárselo.

Ahora, Sofía hacía lo mismo que Héctor: cada vez que extrañaba a Julieta, le enviaba un mensaje al grupo.

Ese día, Héctor estaba hablando por celular con Jairo sobre un asunto de trabajo.

Sofía inició una videollamada y Héctor contestó de inmediato.

—Papá —se escuchó la voz de Sofía.

Héctor contempló con ternura su rostro en la pantalla.

Al escucharla, Jairo dijo:

—Entonces no te interrumpo.

—No importa. Continúa —respondió Héctor.

Sofía le preguntó:

—¿Con quién estabas hablando?

Héctor pronunció el nombre con especial énfasis:

—Con Jairo.

Al otro lado de la llamada, Jairo frunció el ceño al percibir su tono.

—Ya entendí —respondió Sofía.

Justo en ese momento, Julieta se unió a la videollamada.

Sofía exclamó con alegría:

—¡Mamá!

Héctor le dijo a Jairo:

—Tengo que colgar.

Al escuchar que la llamada terminaba, Jairo estuvo a punto de explotar de coraje.

Podía imaginar perfectamente la expresión de satisfacción de Héctor.

Era evidente que aquel hombre era bastante rencoroso.

El miércoles por la noche, Carlos y Mariana llegaron a Sombrales.

Frente al edificio de la empresa, Mariana se acercó rápidamente y abrazó a Julieta.

—¿Ya te acostumbraste a vivir aquí?

—Sí, bastante.

—Qué bueno.

Julieta miró a Carlos y lo saludó:

—Carlos.

Él asintió levemente.

Ambos intercambiaron un saludo breve.

Después, Jairo se acercó a Julieta y a Mariana, y les tendió la bolsa con bebidas que llevaba en la mano.

—Las compré de camino.

Julieta echó un vistazo y tomó una.

Mariana bajó la mirada hacia la bebida que le ofrecía.

Sus dedos se tensaron ligeramente, pero al final también la recibió sin decir nada.

Jairo se limitó a sonreír.

Después, todos subieron a los carros y se marcharon.

Jairo y Carlos viajaron en el mismo vehículo.

Julieta y Mariana iban en otro carro detrás de ellos.

Julieta miró a Mariana.

—¿En qué estás pensando?

Aunque Mariana aparentaba tranquilidad, alguien que la conociera bien podía notar claramente que algo no estaba bien.

Mariana sonrió con calma. Miró la bebida que sostenía entre las manos y no intentó ocultarlo.

—Solo pensaba que hay muchas cosas en la vida que nunca salen como uno espera.

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