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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 878

Ante la firme actitud de Celeste, Héctor mantuvo la voz especialmente tranquila.

—Entonces, ¿con quién crees que debería casarme? ¿Con alguien que a ti te parezca bien? ¿Y qué va a pasar con Sofía? ¿Has pensado en eso?

Celeste se quedó sin palabras.

Después de unos segundos, respondió:

—Cuando Sofía crezca, terminará entendiendo.

El tono de Héctor se volvió más serio.

—Pero ahora todavía es una niña. Ya tomé una decisión. Será mejor que no hagas nada que me moleste.

Celeste guardó silencio.

Después de que terminó la llamada, permaneció sentada en el sofá con una expresión sombría.

Tomó el celular e hizo otra llamada.

El encargado de Casa Gómez contestó:

—Señora Celeste.

—Por favor, comuníqueme con doña Gómez.

Unos minutos después, la voz de doña Gómez se escuchó al otro lado de la línea.

—Celeste, ¿cómo sigue Sofía?

—Ya está bien. Mañana la llevaré de regreso.

Doña Gómez soltó un suspiro de alivio.

—Qué bueno.

—Hay algo que quiero contarle.

—¿Qué pasó?

Celeste le explicó que Héctor había decidido celebrar una boda con Julieta.

Al escucharla, doña Gómez frunció el ceño.

Celeste dijo:

—De verdad no sé qué le pasa a Héctor últimamente.

A diferencia de Celeste, doña Gómez se mantuvo especialmente tranquila.

—Si Héctor ya tomó una decisión, enojarte ahora no va a servir de nada. Esperemos a que regrese y entonces hablaremos de esto. Por ahora, no se lo cuentes a nadie.

—Lo sé.

—Cuida bien a Sofía y tráela mañana.

—Sí.

En ese momento se escuchó la voz de Sofía:

—Bisabuelita.

Al oírla, doña Gómez quiso hablar un rato con ella.

Sofía tomó el celular.

—Papá y mamá van a celebrar su boda y yo voy a ser la damita.

Doña Gómez sonrió.

—Seguro vas a ser la damita más bonita de todas.

Sofía no dejaba de reír. Incluso a través del celular se notaba lo feliz que estaba.

***

Catorce horas después, Héctor llegó a Gran Bahía.

Apenas bajó del avión, su celular emitió el sonido de una notificación.

Vio el mensaje que Julieta le había enviado: “Ya llegué.”

El mensaje había sido enviado a la una de la tarde.

A esas alturas, en el lugar donde estaba Julieta ya era de madrugada.

Héctor respondió: “Acabo de bajar del avión. Ahora tengo que ir a una reunión de negocios.”

Después de enviar el mensaje, guardó el celular.

Una vez que salió del aeropuerto y subió al carro, volvió a escribirle: “Si tienes alguna idea para la boda, puedes decírmela.”

Una hora más tarde, llegó al lugar donde se llevaría a cabo la reunión.

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