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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 904

Después de desayunar, Julieta y Sofía se cambiaron de ropa y bajaron.

En la sala, Irene y Mariana estaban acompañando a Thiago.

Al acercarse, escucharon a Mariana quejarse:

—Anoche Jairo hasta cerró la puerta con seguro, como si de verdad me lo fuera a comer.

Sus habitaciones estaban una junto a la otra.

Cuando Mariana pasó frente al cuarto de Jairo para regresar al suyo, escuchó claramente cómo él ponía el seguro.

Irene no pudo evitar reírse.

—Parece que sí le dejaste un trauma bastante serio.

Todos sabían que Mariana y Jairo habían sido novios y que habían terminado por culpa de Adriana, pero desconocían los detalles de su relación.

Al principio, creían que Mariana era la más reservada en cuestiones amorosas.

Sin embargo, ahora parecía que el verdadero cohibido era Jairo, mientras que Mariana siempre había sido quien tomaba la iniciativa.

Sofía no alcanzó a escuchar bien.

—¿Mariana quiere hacerle qué a quién?

Mariana le hizo una seña para que se acercara.

Cuando Sofía llegó hasta ella, Mariana le apretó suavemente las mejillas.

—Pues a ti sí quiero hacerte algo.

—¡Yo no quiero!

—¡Pero si estás bien bonita!

Mariana le dio un beso en la mejilla.

Sofía se asustó tanto que corrió junto a Julieta y se abrazó a su brazo.

Con una expresión muy seria, dijo:

—Mamá, Mariana sí da mucho miedo.

Todos soltaron una carcajada.

Ese día, Mauricio y Jimena llevarían a Thiago a visitar a unos familiares, por lo que ambos estaban preparando los regalos.

Mientras Rafael y Jairo conversaban afuera, se encontraron con Sergio.

Para evitar que Gael regresara e intentara llevarse a Noemí por la fuerza, Sergio tendría que quedarse ahí por el momento.

Jairo no hizo ningún comentario sobre su decisión.

—Rocío parece una buena mujer. ¿De verdad no has pensado en intentar algo con ella?

Rafael se había encontrado casualmente con Rocío en una ocasión.

Por la impresión que le había causado, era una mujer muy educada, que sabía expresarse y comportarse con prudencia.

Sin embargo, ella y Sergio no parecían ser muy compatibles.

—Muchas veces basta con conocer a alguien para darse cuenta de si hay química o no —respondió Sergio.

—Eso ya depende de ti, pero también deberías empezar a pensar seriamente en tu vida sentimental.

Sergio bajó la mirada y apretó los dedos, incapaz de ocultar la amargura en su expresión.

Ambos guardaron silencio.

Después de unos momentos, Sergio dijo en voz baja:

—Sí. Ya es hora de que piense bien en mi propia vida.

Rafael le dio unas palmadas en el hombro. No pudo evitar sentir pesar.

Julieta y Sergio jamás podrían ser más que amigos.

El amor que él llevaba en lo más profundo de su corazón tendría que quedar enterrado para siempre.

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