De pronto, sonó su celular. Era Irene.
Julieta contestó:
—¿Bueno?
—Vamos a cenar esta noche. Carlos acaba de regresar a Monteluz.
Carlos había pasado los últimos días de vacaciones en Lagoazul y apenas había vuelto ese día a Monteluz.
—Esta noche no puedo. En un rato hablaré con Carlos.
—¿Tienes algo que hacer?
Julieta no pensaba contarles que viajaría a Gran Bahía.
De cualquier forma, solo estaría allá un día antes de regresar, así que no tuvo más remedio que usar a Sofía como pretexto para evadir la pregunta.
Después de colgar, llamó a Carlos y le explicó que le había surgido un imprevisto y necesitaba pedir tres días libres.
—¿Pasó algo? —preguntó Carlos.
—Tengo un asunto que resolver, pero no tardaré mucho.
Carlos guardó silencio y al final no preguntó nada más.
—Está bien. Llámame si necesitas algo.
Tras terminar la llamada, Julieta dejó escapar un suspiro.
Carlos bajó el celular y miró a Jairo, quien estaba sentado frente a él.
Jairo también había escuchado lo que Julieta acababa de decir.
Dejó lentamente el vaso de agua sobre la mesa y no volvió a mencionar el tema.
—Creo que deberías hablar seriamente con Mariana.
El principal motivo por el que Jairo había buscado a Carlos ese día era precisamente hablar de Mariana.
—Aunque le diga algo, no me hará caso. Pero, hablando con sinceridad, ¿te dolió cuando terminaste con Mariana?
Jairo sostuvo el vaso y recorrió con los dedos los relieves de la superficie.
—Fue hace demasiado tiempo. Ya ni siquiera sabría decirte qué sentí.
Carlos lo observó durante unos momentos.
—Se nota que tú y Julieta son hermanos. En cuanto enfrentan un problema sentimental, lo primero que hacen es huir.
En aquel entonces, Mariana había buscado a Jairo para hablar con él y aclarar las cosas.

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