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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 906

De pronto, sonó su celular. Era Irene.

Julieta contestó:

—¿Bueno?

—Vamos a cenar esta noche. Carlos acaba de regresar a Monteluz.

Carlos había pasado los últimos días de vacaciones en Lagoazul y apenas había vuelto ese día a Monteluz.

—Esta noche no puedo. En un rato hablaré con Carlos.

—¿Tienes algo que hacer?

Julieta no pensaba contarles que viajaría a Gran Bahía.

De cualquier forma, solo estaría allá un día antes de regresar, así que no tuvo más remedio que usar a Sofía como pretexto para evadir la pregunta.

Después de colgar, llamó a Carlos y le explicó que le había surgido un imprevisto y necesitaba pedir tres días libres.

—¿Pasó algo? —preguntó Carlos.

—Tengo un asunto que resolver, pero no tardaré mucho.

Carlos guardó silencio y al final no preguntó nada más.

—Está bien. Llámame si necesitas algo.

Tras terminar la llamada, Julieta dejó escapar un suspiro.

Carlos bajó el celular y miró a Jairo, quien estaba sentado frente a él.

Jairo también había escuchado lo que Julieta acababa de decir.

Dejó lentamente el vaso de agua sobre la mesa y no volvió a mencionar el tema.

—Creo que deberías hablar seriamente con Mariana.

El principal motivo por el que Jairo había buscado a Carlos ese día era precisamente hablar de Mariana.

—Aunque le diga algo, no me hará caso. Pero, hablando con sinceridad, ¿te dolió cuando terminaste con Mariana?

Jairo sostuvo el vaso y recorrió con los dedos los relieves de la superficie.

—Fue hace demasiado tiempo. Ya ni siquiera sabría decirte qué sentí.

Carlos lo observó durante unos momentos.

—Se nota que tú y Julieta son hermanos. En cuanto enfrentan un problema sentimental, lo primero que hacen es huir.

En aquel entonces, Mariana había buscado a Jairo para hablar con él y aclarar las cosas.

Héctor soltó una risa baja.

—Somos esposos. Es perfectamente normal que venga a verme.

Jairo guardó silencio durante unos instantes y colgó sin decir nada más.

***

A las seis de la tarde, el vuelo de Monteluz a Gran Bahía despegó puntualmente.

El trayecto duró trece horas y, cuando aterrizaron, eran las siete de la noche, hora local.

Después de bajar del avión, uno de los guardaespaldas que acompañaban a Julieta se encargó de llevar su pequeña maleta.

Al salir por la zona VIP, Julieta distinguió a lo lejos una figura alta y familiar que la esperaba junto a la salida.

Héctor destacaba entre la multitud.

En cuanto la vio aparecer, sonrió y caminó directamente hacia ella.

Apenas llegó a su lado, le rodeó los hombros con un brazo y con la otra mano le sostuvo la nuca.

Antes de que Julieta pudiera reaccionar, Héctor inclinó la cabeza y la besó.

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