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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 924

En cuanto vio el mensaje, Julieta salió de la conversación y llamó a Jairo.

Él contestó enseguida, con evidente preocupación en la voz:

—¿Todavía no has descansado?

—Estoy en la oficina de Héctor. Mañana temprano ven directamente aquí.

Jairo percibió el cansancio en su voz y sintió una profunda angustia.

Julieta ya había pasado por demasiadas cosas y apenas había logrado recuperar cierta estabilidad.

Ahora, Héctor había desaparecido de repente.

Quería consolarla, pero sabía que, en un momento como aquel, cualquier palabra sonaría vacía.

—Descansa un poco. Mañana temprano estaré ahí. Al menos, mientras yo esté contigo, no tendrás que cargar con todo tú sola.

Julieta contuvo sus emociones.

—Está bien.

—Por cierto, ¿hay noticias de Héctor?

—No.

—En este momento, que no haya noticias suyas es la mejor noticia.

—Sí.

Después de colgar, Julieta se recostó en el sofá y cerró los ojos para descansar.

A pesar de que estaba agotada y le dolían los ojos, no lograba conciliar el sueño.

Ni siquiera supo cuánto tiempo pasó antes de quedarse dormida por un rato.

Cuando volvió a despertar, eran las seis de la mañana.

Como no había descansado bien, fue al baño para arreglarse un poco.

Al ver su rostro tan pálido en el espejo, sacó la base de maquillaje de su bolso y se cubrió las ojeras.

A las siete, Santiago llegó a la oficina y le llevó el desayuno.

A las ocho tendrían una reunión para discutir las medidas que debían tomar.

Cuando Santiago se disponía a salir, vio entrar a Jairo.

No se sorprendió, pues ya se habían comunicado la noche anterior.

—Señor Jairo.

Él asintió. Al ver a Julieta mucho más demacrada, sintió una opresión en el pecho.

Después le preguntó a Santiago:

—¿Qué ocurrió ayer?

Santiago le explicó brevemente todo lo sucedido.

—¿Qué contraseñas intentaste?

—La fecha de nacimiento de Sofía, la de Héctor y varias combinaciones de ambas, pero ninguna era correcta.

—Puedes preguntarle directamente a Sofía. Es probable que alguna vez haya visto a Héctor introducir la contraseña y seguramente la recuerde.

Sofía siempre había tenido una memoria excelente, algo en lo que se parecía mucho a Héctor y a Julieta.

Julieta comprendió de inmediato.

¿Cómo no se le había ocurrido antes?

Caminó rápidamente hacia el escritorio, tomó el celular, revisó la hora y la llamó.

Sin embargo, nadie contestó.

Cuando Sofía no salía de casa, no llevaba puesto todo el tiempo su reloj inteligente.

A esa hora ya debía haber cenado y probablemente no estaba en su habitación.

—No contesta. Tendré que volver a llamarla cuando esté por irse a dormir.

Después volteó hacia Jairo y preguntó:

—¿La familia Gómez ya sabe lo de Héctor?

—Fabián se comunicó conmigo y ya está enterado. Sus padres todavía no han recibido la noticia, pero, si no lo encuentran pronto, será imposible seguir ocultándolo. Es cuestión de tiempo para que el resto de la familia Gómez se entere.

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