Julieta mantuvo la mirada baja y asintió ligeramente.
Carlos tomó un par de servilletas para limpiarse las manos.
Después agarró unos cubiertos limpios, se sirvió un poco de comida y comenzó a comer con total naturalidad.
—La próxima vez puedes decirle a Ximena que prepare menos.
A simple vista, la comida sobre la mesa parecía intacta.
Julieta seguía sentada muy derecha.
Sin levantar la mirada, asintió.
Podía sentir claramente que Héctor no dejaba de observarla.
De pronto, una silla rechinó contra el piso.
Héctor se sentó frente a ella, con una expresión sombría.
Julieta apretaba una y otra vez las manos entre las piernas.
Carlos preguntó de repente:
—¿Dónde están los dos gatos?
Julieta se sorprendió un poco y volteó a mirar.
—Deben estar escondidos debajo del sofá.
Como si hubieran escuchado que los llamaban, Canela y Tigre salieron enseguida de debajo del sofá y fueron directamente hacia los pies de Carlos, maullando sin parar como si estuvieran quejándose.
Carlos bajó la mirada hacia ellos.
—Les compré unas latas de comida, pero las dejé en la cajuela. Julieta, ¿puedes bajar por ellas?
Julieta lo miró.
Carlos le tendió las llaves del carro.
—Ve.
Julieta dudó un par de segundos, pero al final tomó las llaves y se levantó.
Después de cambiarse los zapatos y salir del departamento, por fin sintió que podía respirar con un poco más de tranquilidad.
Se quedó un momento recargada contra la pared del pasillo antes de caminar hacia el elevador.

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