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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 983

Sofía insistió en acompañarlos, así que Julieta no tuvo más remedio que pedirle a Ximena que empacara el desayuno en recipientes térmicos.

Al llegar al hospital, llevaron a Héctor a urgencias para que lo revisaran.

Sofía se quedó sentada en una banca afuera, esperando, sin ánimo siquiera para desayunar.

Julieta intentó tranquilizarla.

—Solo le duele el estómago. Pronto estará bien.

Pero Sofía seguía muy preocupada.

—Papá acaba de salir del hospital. El doctor le dijo que tenía que comer a sus horas y descansar bien, pero no ha descansado nada. Yo quería que se quedara contigo para que pudiera recuperarse, pero ahora otra vez se quiere ir.

Julieta le acarició la cabeza.

—No le va a pasar nada.

Sofía levantó la mirada hacia ella.

—¿Puedes pedirle a papá que se quede hasta que se recupere?

—Eso también depende de si él quiere quedarse.

Sofía respondió con total seguridad:

—Si tú se lo pides, seguro se queda.

Julieta no pudo negarse.

—Entonces se lo preguntaré al rato. Pero primero come algo, ¿sí? No puedes quedarte con el estómago vacío.

Sofía asintió.

Julieta le peló un huevo cocido.

Poco después de que Sofía terminara de comerlo, Héctor salió de los estudios y lo llevaron a una habitación, donde le pusieron suero.

El diagnóstico fue gastroenteritis aguda.

Ya había sufrido un episodio dos días antes, pero como no había tomado los medicamentos a tiempo, había recaído.

Héctor estaba acostado en la cama del hospital y todavía tenía muy mal semblante.

Después de darles algunas indicaciones, el doctor salió de la habitación.

Julieta y Sofía se quedaron a su lado.

Sofía lo miraba preocupada, con lágrimas contenidas en los ojos.

—Papá...

Héctor le acarició la cabeza.

—Estoy bien.

Julieta no pudo evitar reprenderlo:

—Es tu salud. Si estás enfermo, ¿por qué no descansas y te tomas los medicamentos como debes?

Héctor levantó la mirada hacia ella.

—¿Entonces debía quedarme sin hacer nada mientras Sofía estaba triste?

Julieta guardó silencio.

Sofía la miró y dijo en voz baja:

—Hablen bien. No se peleen.

Julieta contuvo sus emociones y dejó de discutir con él.

Abrió la mesa plegable de la cama, puso encima los recipientes con el desayuno y acomodó todo.

—Primero come.

Héctor la miró, pero ya no dijo nada.

Julieta le pasó una cuchara.

Él la tomó y preguntó:

—¿Y tú?

Julieta le dirigió una mirada.

—Tú eres el paciente.

En otras palabras, que primero se preocupara por sí mismo y dejara de meterse en lo de los demás.

Sofía no entendió del todo por qué ella había respondido con ese tono.

Héctor soltó una risa baja.

—Vaya que eres rencorosa.

Julieta ni siquiera se molestó en responderle.

Como Sofía solo había comido un huevo, Julieta le dio un tamal de pollo.

Ella se sentó en la banca y siguió desayunando.

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