Entrar Via

La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1078

La poca esperanza que quedaba se esfumó en un instante; Franco no tenía buen semblante.

Al verlo callado, Benjamín perdió cualquier intención de platicar con él. Hace un momento, Petra se había despertado sobresaltada por los gritos de Franco, y él tenía que regresar a checar cómo estaba.

Petra estaba embarazada y no podía permitirse ningún susto.

Benjamín dio media vuelta y entró a la casa de los Calvo; el portón se cerró casi de inmediato tras él.

Franco se quedó solo frente a la entrada, con la mirada perdida.

Cuando Rosalía llegó, encontró a Franco sentado en la banqueta, a un lado del portón. Tenía la cara golpeada, con moretones y rastros de sangre. Se veía completamente derrotado, y su traje estaba lleno de polvo.

Rosalía apretó los dientes, caminó hasta quedar frente a él y se detuvo.

Franco alzó la vista, la miró y una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.

—Rosalía, ¿tú crees que todo esto es mi castigo?

Rosalía frunció el ceño y respondió con voz grave:

—No. Este debe ser mi castigo.

Franco soltó una risa sarcástica.

Rosalía apretó la mandíbula y lo tomó del brazo.

—Vámonos a casa.

Franco se soltó de un tirón y respondió con frialdad:

—No voy a regresar.

—Solo quiero volver con Jimena. No voy a ir a ningún otro lado.

Al escucharlo, Rosalía se mordió el labio con fuerza, con los ojos llenos de resentimiento.

—Quieres volver con Jimena, ¿pero crees que ella te dejará? ¿Crees que te va a aceptar? Deja de soñar.

Ella pensó que cuando Franco rompió con Jimena para casarse con ella, era el inicio de su victoria. No esperaba que fuera el comienzo de su caída al abismo.

Le costó horrores arrastrar a Franco hasta meterlo al carro.

Al sentarse en el asiento del conductor, Rosalía se sintió agotada. Volteó a ver a Franco, que dormía desparramado en el asiento trasero, y las lágrimas rodaron por sus mejillas en silencio.

Cuando Jimena le llamó para que fuera a recoger a Franco, Rosalía sintió que nunca más podría levantar la cara frente a ella.

Aunque Jimena no le dijo ni una sola palabra ofensiva, Rosalía se sintió profundamente humillada. Estaba segura de que Jimena se estaba burlando de ella en ese momento.

Burlándose de que le había robado a Franco, pero no había tenido la capacidad de retenerlo.

Rosalía rechinó los dientes del coraje. Apartó la vista del espejo retrovisor y su mente se llenó de pensamientos oscuros.

Después del escándalo que armó Franco, el matrimonio de Jimena tampoco iba a ser un cuento de hadas. Era imposible que a un hombre no le importaran esas cosas.

Federico, sin duda, cambiaría su opinión sobre Jimena.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda