La poca esperanza que quedaba se esfumó en un instante; Franco no tenía buen semblante.
Al verlo callado, Benjamín perdió cualquier intención de platicar con él. Hace un momento, Petra se había despertado sobresaltada por los gritos de Franco, y él tenía que regresar a checar cómo estaba.
Petra estaba embarazada y no podía permitirse ningún susto.
Benjamín dio media vuelta y entró a la casa de los Calvo; el portón se cerró casi de inmediato tras él.
Franco se quedó solo frente a la entrada, con la mirada perdida.
Cuando Rosalía llegó, encontró a Franco sentado en la banqueta, a un lado del portón. Tenía la cara golpeada, con moretones y rastros de sangre. Se veía completamente derrotado, y su traje estaba lleno de polvo.
Rosalía apretó los dientes, caminó hasta quedar frente a él y se detuvo.
Franco alzó la vista, la miró y una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
—Rosalía, ¿tú crees que todo esto es mi castigo?
Rosalía frunció el ceño y respondió con voz grave:
—No. Este debe ser mi castigo.
Franco soltó una risa sarcástica.
Rosalía apretó la mandíbula y lo tomó del brazo.
—Vámonos a casa.
Franco se soltó de un tirón y respondió con frialdad:
—No voy a regresar.
—Solo quiero volver con Jimena. No voy a ir a ningún otro lado.
Al escucharlo, Rosalía se mordió el labio con fuerza, con los ojos llenos de resentimiento.
—Quieres volver con Jimena, ¿pero crees que ella te dejará? ¿Crees que te va a aceptar? Deja de soñar.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...